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miércoles, 30 de septiembre de 2015

En el reconocimiento


En el reconocimiento

En el reconocimiento y aceptación.
En el reconocimiento y aceptación de nuestra propia vulnerabilidad.
En el reconocimiento y aceptación de nuestra propia vulnerabilidad es donde reside nuestra fortaleza.

Parece contradictorio sugerir que nuestra vulnerabilidad, es decir, nuestra susceptibilidad al dolor, al fracaso y a las emociones negativas, pueda ser una fuente de fortaleza, sin embargo, es todo lo contrario.

Tenemos miedo a vernos en nuestras "debilidades", creemos que nos hacen vulnerables, por eso nos cuesta hacer reconocimiento de ellas ante los demás y ante nosotros mismo.

El miedo a que nos hagan daño al conocernos y al reconocernos como seres con puntos vulnerables, nos impide obtener el beneficio que su descubrimiento conlleva, ni más ni menos que una capacidad muchísimo más válida que el miedo, la fortaleza.
La vulnerabilidad nos expone a experiencias difíciles que pueden ser dolorosas, pero también son oportunidades para crecer. Al enfrentar y superar estos desafíos, desarrollamos resiliencia, fortaleza y sabiduría.

Una de las maneras de tocar con el máximo potencial de tus capacidades, es en los momentos más difíciles en los que quizás nos sentimos expuestos y vulnerables. No sabemos de qué somos capaces hasta que no nos vemos en la obligación de serlo y estando en nuestra zona de confort, sin enfrentarnos al miedo que nos produce conocer y que conozcan nuestra vulnerabilidad, no deja margen para que salga nuestra fortaleza.

Fortaleza
nombre femenino
  1. 1.
    Capacidad de una cosa para sostener, soportar o resistir algo.
    "la fortaleza de la moneda viene determinada por la gran afluencia de capitales extranjeros"
  2. 2.
    Capacidad moral de una persona para resistir o sobrellevar sufrimientos o penalidades.
    "mostrar fortaleza ante la muerte"

La fortaleza es la que nos impulsa a distanciarnos del desánimo en los momentos duros, nos deja ver con realismo y esperanza nuestra vida y si queremos aprender donde está nuestra vulnerabilidad en cada situación, se convertirá en una experiencia de superación personal y autodescubrimiento que nutrirá de nuevo las capacidades propias como es la fortaleza.

Es una retroalimentación, descubrir tu vulnerabilidad te lleva a la fortaleza y la fortaleza te permite ver tu vulnerabilidad, por eso en algún momento hay que romper la barrera del miedo y adentrarse por dentro, en qué es realmente lo que sentimos, a qué tenemos miedo.

No hay más manera con el miedo para vencerlo que enfrentarte a él, es tu creación, es infundado y solo tú puedes hacerle frente, es tu batalla con él, si le plantas cara lo vences, si te dejas dominar por él, te vence.

¿A qué tienes miedo? Indaga realmente que pasa, porqué una determinada situación te vence, te quita las ganas de sonreír, de disfrutar, de vivir adaptándote a tus circunstancias.

Aquellos que te inspiran a pensar que son personas con una fortaleza de vida que tú no tienes, han estado en tu mismo lugar, solo que han hecho un trabajo consciente para desarrollar las actitudes necesarias para tener dicha fortaleza.

Se han enfrentado a sus circunstancias y a su propia vulnerabilidad en ellas, descubriendo de esa manera sus miedos y poniendo soluciones a todo ello, ese reconocimiento de quienes son, que sienten y donde se encuentran, le ha hecho buscar el camino real para superar la adversidad.

Mira este vídeo (1'30 minutos), ¿Qué te sugiere?

La fortaleza te requiere vencer el miedo a admitir la verdad, a aceptar tu parte de responsabilidad y saber perdonar. Os dejo enlace a dos entradas, la de El perdón y la de Perdonarse, misión prioritaria

Para enfrentarte al miedo tienes que buscarte la herramientas emocionales que te ayuden a ello, como es el desarrollo de unas actitudes y no hay duda de que todos podemos aprender, tan solo hay que querer trabajar en ello, tan solo hay que ser verdad con uno. 
Hay muchas maneras de despertarte, a través del estoicismo puede que sea la tuya, o no, pero conocer herramientas que puedan ayudar siempre aporta.

Las actitudes a desarrollar son la autoestima, que te hace sentirte capaz, la autonomía, que te hace no depender, la responsabilidad que te permite reconocer, el humor que te quita dramatismo, el perdón que le aporta la parte de amor y compasión, la madurez que te empuja a la solución, el optimismo que logra quitar la negatividad y para mi también la espiritualidad, que me ayuda a aceptar quien soy y que soy (un ser en si mismo perfecto en sus imperfecciones, nacido para ser y hacer feliz).

Recuerda no ver tu vulnerabilidad como tu enemigo, todo lo contrario, en el reconocimiento y aceptación de nuestra propia vulnerabilidad es donde reside nuestra fortaleza.

miércoles, 3 de enero de 2024

El empoderamiento y el empoderamiento de la mujer

Las cosas que tiene Eloisa

Hay matices que diferencian a las palabras "poder" y "empoderamiento", así que voy a indagar sobre estos dos conceptos.

Vamos a ver que nos cuentan que es el poder según la RAE: 

1. tr. Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo.

Sin.:
  • valer.

2. tr. Tener facilidadtiempo o lugar de hacer algoU. m. con neg.

Sin.:
  • lograrconseguirobteneralcanzarpermitirse.

3. tr. coloq. Tener más fuerza que alguienvencerlo luchando cuerpo a cuerpoPuedo a Roberto.

Sin.:
  • vencerganardominarsuperarderrotar.

4. intr. Ser más fuerte que alguienser capaz de vencerloNo pudo CON su rival.

Sin.:
  • vencerganardominarsuperarderrotar.

5. intr. Aguantar o soportar algo o a alguien que producen rechazoU. con el verbo en forma negativa. No puedo CON sus impertinencias.

6. intr. Ser contingente o posible que suceda algoPuede que llueva mañana.

Y a ver que nos cuentan que es empoderamiento:

1. m. Acción y efecto de empoderar (‖ hacer poderoso a un desfavorecido).

Pues habrá que buscar qué es empoderar:

1. tr. Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecidoU. t. c. prnl.

2. tr. Dar a alguien autoridadinfluencia o conocimiento para hacer algoU. t. c. prnl.

3. tr. desus. apoderar. Era u. t. c. prnl.

Bueno, esto ya aclara más que una cosa es tener la capacidad de  y otra que te den la capacidad de, pero en el caso de empoderar, si busco es reflexivo (cuando una/o ejerce la acción sobre sí mismo), no lo encuentro en el diccionario de la RAE, sin embargo, sí sé que tenemos la capacidad de empoderarnos sin esperar a que nadie nos empodere.

He encontrado otra definición de empoderamiento en el diccionario Acción Humanitaria y Cooperación al Desarrollo de la Universidad del País Vasco, donde lo define como: 

"Proceso por el cual las personas fortalecen sus capacidades, confianza, visión y protagonismo como grupo social para impulsar cambios positivos en las situaciones que viven".

Y esto nos lleva a la pregunta ¿Qué es el empoderamiento de la mujer y por qué surge?

El empoderamiento de la mujer conlleva su participación en la sociedad a todos los niveles y en todos los sectores, con el reconocimiento de sus capacidades para contribuir en ella de manera que sea más igualitaria, justa y estable, colaborando a su desarrollo y progreso. 

Sencillo de entender, pero por lo visto, poco entendido por ciertas personas obtusas y retrógradas de la sociedad en la que se quiere contribuir a su mejora y desarrollo. 
Muy absurdo y muy cierto que cuesta dejar que la mujer ocupe puestos y cargos relevantes a nivel político, judicial, económico o social, como para poder cooperar y colaborar en la sociedad; parece ser que hay miedo a que las capacidades de otras diversidades quiten el poder a quien lo ejerce, que coincide que es el hombre a través del sistema social del patriarcado.

Os hago un copi/pega de un párrafo de Empoderamiento de las mujeres: conceptualización y estrategias- PDF del año 2006:

  • Algunas autoras han destacado la fuerte conexión entre empoderamiento y redistribución del poder. Así, para Batliwala (1997), el empoderamiento es el “proceso de desafiar las relaciones de poder existentes y obtener un mayor control sobre las fuentes de poder… (y) se manifiesta como una redistribución del poder, ya sea entre naciones, clases, razas, castas, géneros o individuos”. Gita Sen (1993) ha definido el empoderamiento de las mujeres como la “alteración de las relaciones de poder… que constriñen las opciones y autonomía de las mujeres y afectan negativamente su salud y bienestar”, en tanto que Johnson (1994) considera que “aunque las mujeres pueden empoderarse a sí mismas al obtener algún control sobre los diferentes aspectos de su diario vivir, el empoderamiento también sugiere la necesidad de obtener algún control sobre las estructuras de poder, o de cambiarlas”. 

Bueno, pues ya tenemos enlazados las dos palabras; poder y empoderamiento, lo que da idea del por qué los que tienen el poder  no quieran soltarlo y ese recelo al empoderamiento de la mujer. Este colectivo que tiene el poder se olvida de algo: el beneficio individual y colectivo que viene de la mano del empoderamiento de la mujer.

El proceso de empoderamiento de las mujeres- Guía Metodológica- Investigación realizada por el grupo de trabajo "Género y Indicadores" de la Comisión de Mujeres y Desarrollo.

Ahora que sabemos que perder el poder no gusta a un tipo de masculinidad patriarcal, la masculinidad hegemónica, voy a escribir sobre varios tipos de poderes para la reflexión y que podamos ver en que poder nos colocamos unas y otros.

El poder sobre-

Este es el que domina y quiere subordinados bajo la creencia de que los demás son inferiores y de menor valía. Es un poder asimétrico, de control, opresor y de sometimiento de alguien sobre alguien, y en el patriarcado, con su masculinidad normativa, de un hombre sobre cualquier otro hombre al que crea inferior (raza, posición social, economía,...) y por supuesto sobre todas las mujeres sea cual sea su condición.

Relaciones de poder y asimetrías de género

El poder de-

Este tipo de poder implica tener capacidad para solucionar, crear, hacer, tomar decisiones, ... Implica la capacidad de acción, capacidad relegada al ámbito privado en la mujer, impidiendo el acceso a la cultura o a las herramientas que permitieran desarrollar sus capacidades. Es este el tipo de poder cuando hablamos de empoderamiento en general y de empoderamiento de la mujer por ser esta la que más ha estado sometida al hombre.
Se les ha negado también a los hombres con otro tipo de masculinidad diferente a la que marca el patriarcado (raza, orientación sexual, estatus social, etc.), pero la mujer ha estado, por ejemplo, por debajo de la raza negra a la hora de conseguir el poder de, ya que en su momento, la abolición de la esclavitud y el derecho al voto de los negros se consiguió mucho antes que el derecho de las mujeres a votar... Que por cierto, una vez conseguido el voto, se siguió con el modelo patriarcal entre los hombres negros pese a haber sufrido ellos la discriminación por su color de piel. Ya se sabe, la jerarquización del poder que hace que de forma generalizada (siempre hay excepciones), los hombres se sientan superiores y tengan que tener a alguien por debajo para practicar el poder sobre.

Por eso es tan importante dar la oportunidad de empoderarse a aquellas y aquellos que la sociedad patriarcal quiere mantener por debajo y bajo su dominio, no es ninguna coincidencia que la mujer esté por debajo del hombre que está por debajo.

El poder con-

Este poder es el solidario, el de la cooperación, el capaz de organizarse para defender objetivos comunes, que bien pueden ser para adquirir los derechos individuales y los colectivos, tanto a nivel social, laboral, político,...
Es un tipo de pode no excluyente y sí negociador, porque lo que pretende es adquirir la fuerza grupal creando sinergias (como dice la Gestalt, el todo es más que la suma de sus partes).
sinergia
 
Del lat. cient. synergia 'tarea coordinada', y este del gr. συνεργία synergía 'cooperación'.

1. f. Acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales.

Sin.:
  • concurrenciacoordinaciónconcurso.

2. f. Biol. Concurso activo y concertado de varios órganos para realizar una función.
Sinónimos o afines de sinergia concurrenciacoordinaciónconcurso.

El poder interior-

Con este poder se consigue el empoderamiento personal; de ahí se parte para conseguir el poder con y el poder de. Es el que deriva de la imagen que tenemos de nosotras/os mismas/os, es la autoestima y seguridad con la que nos miramos, es esa fuerza psicológica y emocional con la que podemos hacer frente a muchos de los problemas de vida que se nos presenten. El poder interior nos da esa fuerza para hacer cosas que si no lo tenemos nos podríamos; nos capacita, no deja crear soluciones, no deja comprender de otra manera muchas circunstancias y nos quita miedos para poder salir de ese malsano poder sobre.
Cultivar la inteligencia intrapersonal nos dará ese poder interior necesario para no estar donde no queramos, no hacer lo que no queramos, decir no cuando no queramos y empoderarnos sin sentirnos culpables por ello.

Importantísimo el empoderamiento de la mujer para impulsarla, para que agarre sus capacidades y con ellas haga lo mismo que cualquier hombre, …. lo que quiera y no lo que la dejen. 

Importantísimo para ella, para no dejar que la agredan ni físicamente, ni económicamente, ni psicológicamente, ni sexualmente, ni de ninguna otra forma que se le ocurra al hombre.

Importantísimo el empoderamiento de la mujer para la sociedad, porque el aporte que ofrecen sus capacidades beneficia a toda ella; a hombres, mujeres y cualquier persona excluida actualmente por pertenecer a colectivos no reconocidos o desvalorizados.

Importantísimo el empoderamiento de la mujer para conseguir la igualdad efectiva en esta sociedad, entre hombres y mujeres y entre cualquiera, porque es la mujer y a través de su esfuerzo, la que ha conseguido los avances sociales para que las cosas vayan cambiando. Después se han unido muchos hombres  con otro entendimiento de lo que es la masculinidad normativa, pero las impulsoras de los cambios, las mujeres. 

Empoderarnos es querernos, es valorarnos, es sentirnos capaces y que valemos, es hacer y no esperar a que nos dejen hacer, es ocupar nuestro sitio en la sociedad en todos los ámbitos y no sólo en el doméstico como mujeres. Sí, ya sé que hoy en día las mujeres trabajamos, pero seguimos haciéndolo mayoritariamente en casa también, ateniendo en los cuidados familiares a hijas e hijos, a madres y padres y a quien hace falta.

Seguimos ocupando de forma minoritaria cargos de poder ejecutivo, legislativo y judicial. En las empresas importantes y con influencia económica también seguimos en minoría, nuestros puestos de trabajo son más precarios y en muchas ocasiones de complicada conciliación familiar, por lo que recurrimos a trabajos de menor horario o bajo cuerda para poder cuidar y tener pequeños recursos económicos, lo que implicará en nuestra vejez menor economía para subsistir. Sí, la pobreza feminizada es una realidad estadística muy presente hoy en día, por eso tenemos que empoderarnos socialmente, por eso tienen que existir las medidas positivas en las empresas públicas y privadas... y no es un privilegio, es la recuperación de un derecho denegado durante generaciones, el derecho a tener presencia en el ámbito publico atesorado por los hombres y vetado para las mujeres.

Los hombres de hoy en día no son culpables de lo que han hecho los hombres de generaciones anteriores, pero sí son responsables de lo que hacen ahora. Son responsables de no ejercer el reconocimiento a las víctimas del sistema patriarcal hegemónico, responsables de apoyarlo por ejercerlo ahora o por consentirlo y no participar en el cambio.

Ejercer el reconocimiento de responsabilidades del sistema patriarcal donde vivimos y en ese reconocimiento, apoyar y aplicar los cambios sociales, políticos, económicos y etc.,  que hagan falta para llegar a la igualdad de mujeres y hombres, y yo añado que por ende, a la igualdad de cualquier persona.

Hay unas leyes y normas que nos da un marco legal, hagamos que se cumpla, pero eso sólo no vale, si no hay un respaldo social para que cambie, será un camino muy largo, tan largo que sigue hoy en día porque el hombre no quiere soltar su poder y es la mujer la que tiene que ir cogiéndolo y para ello necesita creérselo, necesita que la formen y la den las herramientas para desechar creencias que ha aprendido desde niña y que la han hecho pensar que su sitio está por debajo del hombre. Necesita el empoderamiento negado y la sociedad lo necesita ya y sin esperar a mañana ¿Por qué? Porque hoy en día la cultura patriarcal mata, ejerce la violencia machista, abusa y ningunea a la mujer. No es el pasado, es el ahora y las estadísticas no mienten (no dicen toda la verdad porque son sólo la punta del iceberg).

Violencia machista en 2023: el año cierra con 55 mujeres asesinadas, seis más que en 2022. También han sido asesinadas dos niñas. Solo en 14 de los 55 feminicidios, había denuncia previa. 

La APIF pide medios para frenar "el horrible escenario" de violencia machista y vicaria: 54 mujeres han sido asesinadas en 2023- Exige un acuerdo de Estado que ponga en el centro la protección de las víctimas. APIF es la Asociación Profesional Independiente de Fiscales. 

5o niños y niñas víctimas mortales de la violencia de los hombres sobre sus exparejas desde 2013; se cuenta desde ese año porque fue el primer año en el que se empiezan a poner en estadísticas estos crímenes de violencia vicaria


Imagen extraída del archivo PDF, Notas de prensa INE relativas a los datos del año 2022

EloisaOstaHermosilla-Lascosasquetieneeloisa


BOE Igualdad de Género- en este enlace tenéis todas las leyes estatales y europeas, con las normativas específicas por materias (educación, defensa y seguridad, deportes, comunicación y sociedad de información, etc., etc., etc.) 

Otras fuentes:

La autonomía de las mujeres; un desafío social y un compromiso individual-  conferencia de dos mujeres, Clara Coria, psicóloga, escritora e investigadora en género y Susana Covas especialista en género y equidad (1h 21minutos).

Empoderamiento femenino: la lucha que debe unir a hombres y mujeres- OXFAM Intermon

¿Por qué es importante el empoderamiento de las mujeres para el desarrollo? 

Empoderamiento económico- ONU mujeres

La igualdad es un buen negocio

Empoderamiento de la mujer: qué es, definición, principios, tipos y ejemplos- Responsabilidad Social Empresarial y Sustentabilidad

¿Por qué es importante el empoderamiento de la mujer? 

El argumento económico en favor de empoderar a las mujeres- Fondo Monetario Internacional

Objetivo 5: Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas

¿Por qué el empoderamiento femenino beneficia a todos?- apolitical

Por qué la palabra empoderar se empieza a atragantar- curioso artículo del 2022 que habla sobre la degradación del verbo empoderar por su sobreutilización a varios niveles, entre ellos político y comercial. 
Con lo poderoso que es el verbo empoderar/se, lo están desempoderando. Una lástima porque luego pensamos que el empoderamiento y el empoderamiento de la mujer son pachangadas, algo que viene muy bien a cierto sector social para desprestigio de las peticiones de igualdad, equidad y honestidad con la mujer. El no empoderamiento de la mujer conlleva pasar por situaciones como la de una historia vivida en si llega el momento.

Es curioso lo que a muchas mujeres nos pasa aún sabiéndonos libres, empoderadas, fuertes, preparadas, solventes, decididas,... feministas; seguimos los roles y estereotipos aprendidos desde pequeñas y que para más guasa, son los que odiamos, no nos gustan, luchamos contra ellos ¡Ese tan odiado C.V. oculto que toda feminista lleva dentro! 
El empoderamiento de la mujer nos ayuda a no caer en las mismas pautas de conducta que las mujeres de generaciones pasadas, sin embargo, ninguna estamos exentas de ello, y si no, mirar el siguiente vídeo que es para troncharse de risa y a la vez para echar a llorar por vernos reflejadas en más de una actitud de las que relata tan acertadamente esta mujer.
La feminista blandengue- Ana López Segovia de la compañía teatral Las niñas de Cádiz, en el carnaval de Cádiz 2024
 

martes, 5 de noviembre de 2024

Dinámicas de poder en el trabajo

Las cosas que tiene Eloisa

Sigo con la temática de las dinámicas de poder, y tras saber qué son y hablar de las dinámicas de poder en la familia, voy a escribir sobre las dinámicas de poder en el trabajo, un lugar donde pasamos muchas horas al día y donde normalmente las jerarquías de mando están claras y se suelen aceptar mejor porque hay un salario por medio. 

Las dinámicas de poder en el trabajo se refieren a cómo se distribuye y usa la autoridad o influencia entre las compañeras/os de trabajo y las personas que tienen posición de mando. Estas dinámicas afectan a la manera en que nos sentimos, cómo trabajamos en equipo y cómo se toman las decisiones en el mismo o en la empresa.

Ni qué decir tiene que dependiendo del tipo de empresa, las normas internas, el tamaño, los salarios, la mentalidad de las personas empresarias, personalidades del distinto personal (en estas dos últimas influye la socialización jerárquica de la sociedad en que vivimos, la patriarcal), etc., las dinámicas de poder variaran y mucho, pero de forma generalizada comento un poco lo que puede haber con respecto a varios puntos: 

Relación de autoridad

Normalmente, en una empresa hay una estructura jerárquica que define quién toma decisiones y quién sigue instrucciones, con personas en distintos niveles, desde las que están en puestos superiores, hasta empleadas/os que no tienen cargos de liderazgo, es decir, algunas personas tienen más autoridad y otras tienen menos. 

El juego de dinámicas de poder en el trabajo es claro : las personas en los cargos de jefatura o supervisión se encargan de guiar y dar dirección al equipo, mientras que las empleadas/os siguen esas indicaciones para cumplir con sus tareas.

Esto puede crear un equilibrio en el equipo, pero también puede causar tensiones si se siente que quien manda abusa de su autoridad o no escucha al resto del personal. 
En una relación de autoridad saludable, jefatura lidera al equipo con respeto, valora la opinión de las empleadas/os y se asegura de que todas las personas se sientan parte importante en su trabajo y en su papel en la empresa. Sentir esa valoración como persona importa e implica.
En cambio, si la persona que ejerce la jefatura usa su autoridad para imponer su punto de vista sin escuchar al resto, puede generar desmotivación, porque ese resto siente que su voz no importa.

Es decir, en una relación de autoridad equilibrada, las empleadas/os respetan a la persona que manda por ser su trabajo y por hacerlo con empatía, honestidad y colaboración, y por sentir que se preocupa por el equipo y da apoyo. No la obedecen sólo porque tiene un cargo superior y deben obedecer. 

Influencia entre compañeras/os 

En el trabajo, además de la autoridad oficial de las personas que ejercen los cargo de mando, también existen dinámicas de poder que surgen entre las propias compañeras/os, quienes tienen influencia en el equipo y en el ambiente de trabajo, ya sea de forma positiva (haciendo equipo) o negativa (creando rivalidad).

Influencia de hacer equipo

La influencia positiva ocurre cuando algunas compañeras/os tienen la habilidad de unir al equipo, motivar al resto y fomentar un ambiente de apoyo y colaboración. Estas personas suelen ser las que siempre están dispuestas a ayudar, escuchan y promueven el buen ambiente en el trabajo. 
En un equipo, este tipo de influencia es fundamental porque hace que todas/os se sientan apoyadas/os y cómodas/os al compartir ideas o pedir ayuda. También puede ser que algunas empleadas/os tengan conocimientos especiales o experiencia que las/os convierte en "referentes" del equipo, y se confía en ellas/os porque saben que sus aportaciones son valiosas.

Cuando hay personas en el equipo que promueven la colaboración, las personas empleadas sienten que pueden dar lo mejor de sí mismos, y el ambiente se vuelve mucho más agradable. Es como tener un "pegamento" en el grupo que hace que se trabaje mejor de manera conjunta y que haya respeto.

En este tipo de ambiente laboral, las dinámicas de poder en el trabajo son equilibradas, equitativas y justas, por ello las empresas que consiguen esto, tienen una mayor eficacia y eficiencia, algo que ya se está teniendo en cuenta hoy en día.

Influencia de rivalidad

Por otro lado, hay influencias de rivalidad o competencia entre compañeras/os, que pueden generar conflictos o tensión en el ambiente de trabajo. Esto ocurre cuando algunas personas ven a sus colegas más como "rivales" que como personas miembros de un mismo equipo. 
Por ejemplo, puede haber alguien que siempre quiere destacar, acaparar los mejores proyectos o busca ser la única persona que impresiona a la jefa o al jefe, lo que puede crear resentimientos y desconfianza entre las/os demás. 
También puede suceder cuando alguien trata de hacerse "indispensable" o menosprecia las ideas de otras compañeras/os para hacerse ver como "lo mejor" del grupo.

Cuando estas influencias de competencia se intensifican, pueden hacer que el ambiente de trabajo se vuelva incómodo y que las empleadas/os sientan que tienen que competir en lugar de colaborar, algo que aparte de agotador, frena la creatividad y la comunicación, ya que las personas pueden llegar a sentir que tienen que "proteger" sus ideas o no compartirlas por miedo a que alguien se las arrebate y se lleve el crédito.

Funcionar con estas dinámicas es obsoleto y poco inteligente, ya que desciende la efectividad y la productividad en el trabajo, afectando a los resultados del mismo y creando tensión, malestar y desconfianza, lo cual puede provocar bajas por estrés, angustia, depresión, …

Decir que ambas influencias son naturales en los equipos, pero es importante que haya un equilibrio. Cuando las personas colaboran y el ambiente es positivo, se crea un espacio de trabajo donde todas/os se sienten valoradas/os.

Preferencias y favoritismos

A veces, en el trabajo, algunas empleadas/os pueden recibir un trato especial porque se llevan bien con las personas que están en cargos superiores o porque suelen tener buenos resultados. Esto puede crear una dinámica de poder donde algunas empleadas/os se sienten más valoradas/os que el resto, lo que puede generar malestar o desmotivación entre quienes sienten que no tienen el mismo trato.

¿Qué puede ocurrir para que las dinámicas de poder en el trabajo sean desequilibras o equilibradas?

Competencia por los recursos 

Los recursos limitados, como el tiempo, el presupuesto o el equipo, pueden crear tensiones entre compañeras/os. Por ejemplo, si dos necesitan la misma herramienta o presupuesto para sus proyectos, puede haber una lucha por obtener esos recursos, lo que genera una dinámica de poder y competencia.

Información privilegiada 

Las personas que tienen acceso a información importante, como los planes futuros de la empresa o los detalles de un proyecto, pueden tener más poder en el equipo. Saber cosas antes que el resto les permite adelantarse, tomar decisiones o prepararse mejor, lo cual les da una ventaja en el entorno laboral.

Recompensas y castigos 

En el trabajo, se pueden ofrecer recompensas o incentivos (como un aumento de sueldo, un ascenso o reconocimiento, días libres, etc.) o aplicar medidas disciplinarias (como una advertencia o reducción de responsabilidades, cambio de puesto de trabajo, etc.). 
Estas herramientas de compensaciones para bien o para mal, crean una dinámica de poder, ya que influyen en la conducta de las empleadas/os y en sus decisiones.

Consecuencias de las dinámicas de poder en el trabajo

Es evidente que pueden ser muchas y variadas, y algunas ya las he mencionado: 

Ambiente de trabajo 

Un ambiente donde la distribución del poder es justa suele ser más colaborativo y motivador. En cambio, si una persona abusa de su poder, puede generar resentimiento, falta de confianza y conflictos.

Desarrollo de las empleadas/os

Las trabajadoras/es que tienen menos poder pueden sentirse menos motivadas/os para proponer ideas o participar activamente, mientras que quienes tienen más poder pueden aprovechar más oportunidades de aprendizaje y crecimiento.

Eficiencia y resultados 

Las dinámicas de poder equilibradas permiten que las tareas se realicen de manera más eficiente, ya que todas/os sienten que su voz cuenta y colaboran mejor. Si el poder está desequilibrado, la falta de comunicación y de confianza afectan a los resultados.

Bienestar emocional

Cuando hay una buena relación de poder, las empleadas/os se sienten valoradas/os, respetadas/os y parte del equipo. En cambio, si sienten que se abusa de la autoridad o que no son escuchadas/os, pueden experimentar estrés, ansiedad o incluso buscar otro trabajo.

Todas las dinámicas de poder en el trabajo pueden estar equilibradas, pero para ello es necesario que quien ejerce el poder quiera que así sean y lo consiguen a través de:

Comunicación abierta- Fomentar una comunicación donde todas las personas trabajadoras puedan opinar y sentirse escuchadas, esto ayuda a crear un ambiente de respeto e igualdad. Una persona que tiene un cargo superior en la jerarquía de la empresa que escucha a su equipo y toma en cuenta sus ideas, crea una dinámica más equilibrada que alguien que solo da órdenes sin escuchar.

Distribución justa de recursos y oportunidades- Asegurarse de que todas tengan acceso a recursos, información y oportunidades de crecimiento, de esta forma se evita la la competencia innecesaria.

Reconocer el esfuerzo de todas las personas- Apreciar y reconocer el trabajo de todas las personas miembros del equipo, no solo de las/os "favoritos" o las/os que siempre destacan, de esta manera se crea un ambiente donde todas la personas se sienten valoradas, creando confianza y seguridad.

En resumen, las dinámicas de poder en el trabajo existen porque hay jerarquías y diferentes niveles de influencia, pero lo importante es que se manejen de forma justa para que todas las personas se sientan valoradas y respetadas en el equipo. 

lunes, 11 de noviembre de 2024

La autocomplacencia con la igualdad de género


Parece mentira que haya que explicarlo todo porque no se quiere ver, y más a gente en principio culta, con saber estar, con compromiso con la igualdad y el feminismo; parece mentira pero es así hoy en día que ser igualitario en un 45% o en un aprobado justito, queda como muletilla para sentirse  gente comprometida. Sí, estoy hablando de los hombres (también hay mujeres) que practican la autocomplacencia con la igualdad de género.

Algunas y sobre todo algunos estarán diciendo ¿Lo "cualo"? Repito, la autocomplacencia con la igualdad de género, que hace parecido daño a no reconocer que la mujer y otro tipo de hombres diferentes al rol establecido por el patriarcado, necesitan que sigamos dando pasos y descubriendo la desigualdad en la convivencia social del a diario, la cotidiana, esa en la que no se puede bajar la guardia porque sino, se le da la sujeción al entramado en el que se asienta el machismo y la violencia de género.

Si queréis leer sobre la autocomplacencia en todos los campos de la vida, ir a la entrada La autocomplacencia, igual os ayuda a entender mejor lo que cuento en esta.

Sé que desde la más tierna infancia nos aleccionan, lo sé, pero estamos en una etapa en la que en este país tenemos acceso a la información casi todas las personas y poder así desaprender las normas sociales, familiares y relacionales que no son igualitarias.

Nos tapan los ojos para que no veamos, llegamos a mayores y, …. ¿seguimos sin querer ver por voluntad propia? Mira, me pongo de mala leche, porque es totalmente injusto que hombres y mujeres con la capacidad de saber más sobre igualdad, no quieran saberlo y se conformen con aprobar con ese 5 raspado, si es que aprueban y que se crean que han sacado matrícula de honor, o en el mejor de los casos, que quedan muy bien diciendo que saben que no son totalmente feministas pero que han avanzado mucho más que las generaciones precedentes y que están en un notable alto. 

Muchos hombres y algunas mujeres están en cargos de poder, con una influencia muy alta sobre asuntos legales, laborales, en educación, salud, política, …, figuras públicas que promueven la igualdad pero que, en su vida personal o en acciones concretas, perpetúan dinámicas patriarcales.

Por poner ejemplos, personas de la política o líderes que impulsan leyes o iniciativas relacionadas con igualdad de género pero no las aplican con profundidad o las limitan a aspectos superficiales, mientras perpetúan dinámicas patriarcales en su entorno personal o profesional. Es evidente que aquí podemos poner el ejemplo de última hora hoy, Iñigo Errejón (político español)

También están esas figura públicas que se autodenominan aliadas del feminismo pero son pilladas en comentarios, actitudes o acciones que contradicen sus discursos en pro de la igualdad. Aquí pueden encajar artistas, escritoras o intelectuales que publican obras en favor de la igualdad pero cuyas conductas personales, como en relaciones de pareja o con colegas, no reflejan los valores que promueven.

No nos olvidemos que la autocomplacencia no se limita a figuras famosas o públicas, es un comportamiento socialmente aprendido y extendido, es ese manchón de petróleo en el mar que solo con los años y el trabajo voluntario de mujeres y hombres se puede limpiar. Pero claro, si parte de ese voluntariado a ido a hacer bulto y currar lo menos posible, pues difícil lo tenemos y eso me enfada. Me enfadan las actitudes de que pudiendo hacer algo más por un bien común, no se haga, me enfada que las personas nos quedemos aparcadas en un "fíjate cómo está el mundo de mal".

Venga, voy a por mi frase favorita cuando estoy enfadada:  "Mierda en un bote grande".

Cada persona su granito de arena en lo que pueda, no en lo que no pueda. Con tener las mentes abiertas para adquirir más información, llegamos a ella, ¿Qué ocurre?, que no conviene, no conviene saber más porque como son una buena persona, si saben algo más, tienen que hacer algo y no quieren porque pierden privilegios, pierden poder.

Si os vais a la entrada de Socialización jerárquica en igualdad de género, le pondréis contexto a esto de la autocomplacencia, no obstante, os voy a desarrollar este temita tan incómodo para estas personas que la practican y que no lo quieren ver.

La autocomplacencia en el tema de la igualdad de género se refiere a la idea de que, aunque muchos hombres consideran que apoyan la igualdad entre géneros, se quedan en una zona de confort que no implica cambios reales. Creen que ya hacen "suficiente" porque cumplen con ciertos valores o acciones que consideran justos, pero en realidad esto no suele ir acompañado de una autoevaluación sincera ni de un esfuerzo por cambiar conductas o actitudes en las que son protagonistas y que reflejan desequilibrios de poder y falta de equidad y de igualdad. 

Esta actitud puede llevar a una sensación de satisfacción personal sin que realmente haya avances en la igualdad de género; es otro motivo más por lo que el machismo y la desigualdad de género persiste en nuestra sociedad, por eso es motivo de enfado, aunque hayan dado en pro de la igualdad, pararse creyendo que ya está todo hecho por su parte es al menos negligencia.

“Reafirman su autocomplacencia” 

Menudo peligro tiene esto de la autocomplacencia, con el permiso, me voy a referir a la autocomplacencia masculina porque, si sin tenerla le costaba al hombre reconocer actitudes machistas, con esta herramienta se convierte encima en alguien que no sé si consciente o inconscientemente toma el pelo a las mujeres y a otros hombres (Las otras masculinidades)  que trabajan y se trabajan por una igualdad de género real.

Hacen guiños a la igualdad que les permiten sentirse “buenos” o “progresistas” o "feministas" o "igualitarios", sin cuestionar profundamente sus propios privilegios ni hacer cambios significativos en su manera de ver el mundo o relacionarse. Tan sencillo como que mantienen las dinámicas de poder desequilibradas que les permiten seguir con sus privilegios como hombres.

Hablo de un postureo en una época en la que muchas personas rechazamos las formas evidentes de desigualdad y, a menudo, inconscientemente, los hombres se sienten satisfechos con pequeños gestos de apoyo hacia la igualdad de género, asumiendo que con ellos están haciendo suficiente.  Hoy en día no hay disculpa para la inconsciencia en tema de igualdad porque hay mecanismos amplios para poder informarse; se puede disculpar que tengamos un repertorio de actitudes machistas no reconocibles, pero si alguien te evidencia esas actitudes a modificar y no lo haces, eso sí es responsabilidad de la persona que sigue colaborando en que la desigualdad permanezca.

Por eso es que persisten actitudes y hábitos que siguen favoreciendo a los hombres en ámbitos como las relaciones, el hogar, y el trabajo. La actitud de autocomplacencia, implica que se considera que lo que ya se está haciendo es adecuado, sin que exista una revisión crítica y profunda de las acciones y actitudes cotidianas.

Osea, que ven que la violencia contra las mujeres en cabeza ajena, pero no la ven en la propia ¿Quién dijo lo de la ver la paja en ojo ajeno? ¡Es que seguimos prácticamente igual que hace 2000 años! 

Sigo un poco, porque esto tiene tanta miga que no lo puedo dejar colgado, por eso voy a indagar en el andar por casa, en esas relaciones del día a día que muchos hombres no quieren ver. Esas situaciones que a ellos les favorecen y que muchas mujeres no identificamos tampoco y así nos mete el machismo y el patriarcado un gol por la escuadra que no hemos visto venir.

¿Os habéis visto alguna vez preguntándoos "pero como he llegado aquí"? Yo sí. 

Este vídeo lo tengo en otra entrada colgado, pero es que viene al pelo con este último comentario que me ha salido. "La feminista blandengue".

¿Cómo se ve esta autocomplacencia en el día a día?

Muchos hombres creen que son aliados de la igualdad simplemente porque tienen una postura general de respeto hacia las mujeres, porque no ejercen una discriminación directa o porque apoyan la presencia de mujeres en diferentes espacios. Sin embargo, es común que no evalúen las dinámicas de poder, no cuestionen sus propios privilegios o no se involucren activamente en transformar aspectos de la sociedad y de sus propias relaciones que aún reflejan la desigualdad. En algunos casos, esta autocomplacencia aparece en:

  • Esta actitud de autocomplacencia es un terreno fértil para el crecimiento de dinámicas violentas o desequilibradas, pues el supuesto “esfuerzo” que se ha hecho ya se considera suficiente, y cualquier sugerencia de cambio o revisión se ve como exagerada o innecesaria. Es común que en esta postura aparezca el rechazo a asumir responsabilidad por actitudes o patrones de comportamiento que afectan a la pareja o a las mujeres en general. Esto mantiene a las personas en una zona de confort, evitando el aprendizaje profundo y el cuestionamiento personal sobre el trato y la dinámica que sostienen en la relación.
  • Creer que no hay más por hacer porque ya no se tienen actitudes abiertamente machistas. A veces piensan que, como “no hacen daño”, "no son violentos", identifican algunos micromachismos, …, no hay un problema. en ellos en cuestión de igualdad.
  • Minimizar experiencias y dificultades de género que viven las mujeres y otras identidades. Esto se da cuando ven ciertos problemas como “exageraciones” o creen que hablar de temas de igualdad no les concierne porque hoy en día ya "se está exagerando el tema".
  • Evitar el cambio personal y ver el problema solo como algo externo que no les afecta, en lugar de algo en lo que cada persona puede contribuir activamente, comenzando por uno mismo.

¿Cómo se manifiesta la autocomplacencia en temas de igualdad?

Pequeños gestos como símbolo de igualdad o concesiones y renuncias

Se refiere a pequeñas acciones, como participar en conversaciones de igualdad, apoyar algunas causas feministas, compartir responsabilidades, utilización del lenguaje no sexista, identificación de las distintas violencias machistas o micromachismos, posicionamiento social o incluso político feminista (caso Ïñigo Errejón), etc., que pueden parecer avances en términos de igualdad y de consideración hacia la mujer, pero en realidad, suponen una excusa para no seguir ahondando en sus comportamientos y pasar por esto de la igualdad en un aprobado justito o incluso un suspenso enmascarado. 

Muchos hombres creen que compartir ciertas tareas en el hogar, atender cuidados familiares o hacer declaraciones públicas a favor de la igualdad de género son acciones que les convierten automáticamente en aliados. Si bien estas acciones son positivas, también son solo el comienzo de lo que una verdadera igualdad significa. 
La autocomplacencia surge cuando esos pequeños actos se perciben como logros completos y suficientes y dejan de mover ficha.

Algunos hombres pueden ver estos pequeños actos como si fueran grandes contribuciones a la igualdad de género. Esta autoevaluación exagerada de sus logros les permite pensar que están haciendo lo suficiente, aunque el cambio real y significativo hacia la igualdad pueda requerir mucho más compromiso. 

En lugar de ser un apoyo sincero (consciente o inconscientemente), estas concesiones se convierten en gestos superficiales que les permiten reafirmar su propio valor y logros, sin implicarse en un cambio profundo y real.

Expectativa de reconocimiento: A menudo, los hombres esperan ser reconocidos y elogiados por sus gestos hacia la igualdad, como si estuvieran haciendo un favor en lugar de cumplir con un compromiso justo. Esto puede traducirse en comentarios como "yo ayudo en casa" o "yo soy de los que apoyan la igualdad". Cuando estos gestos buscan una aprobación externa o se consideran logros, en lugar de cambios necesarios para una relación equitativa, se refuerza la idea de que la igualdad es una concesión y no una responsabilidad compartida.

Falta de autocrítica: La autocomplacencia puede hacer que los hombres no examinen a fondo sus propios comportamientos y privilegios. Al sentir que ya están haciendo “lo suficiente” para ser igualitarios, pueden evitar cuestionar prácticas y actitudes más profundas que mantienen desequilibrios de poder, tanto en el hogar como en el trabajo. Esto incluye no reconocer patrones de comportamiento que favorecen sus intereses o limitan el desarrollo pleno de sus parejas.

Comparación con otros hombres: Un factor que contribuye a la autocomplacencia es la tendencia a compararse con otros hombres menos comprometidos con la igualdad. Esto es como la famosa frase de "en el país de los ciegos, el tuerto es el rey", ... pero la realidad es que ve sólo con un ojo. En esto de la igualdad hay que mirar con dos ojos porque si no, la desigualdad se cuela.

Así que esta comparativa beneficiosa para ellos, les lleva a pensar que, al hacer más que el promedio, ya están cumpliendo con los estándares de una relación justa y respetuosa. Sin embargo, la igualdad no debería medirse en relación con lo que otros hacen, sino en función de un compromiso constante con la equidad y el respeto.

Resistencia al cambio profundo: La autocomplacencia también se manifiesta en la falta de disposición para cambiar actitudes y comportamientos de manera profunda. Por ejemplo, participar en conversaciones sobre igualdad sin aceptar realmente la necesidad de compartir de manera equitativa la toma de decisiones, las tareas del hogar, o el tiempo para el desarrollo personal. Esta resistencia puede ser sutil, pero limita el avance hacia una igualdad real y sostenible.

Los hombres pueden hacer ciertos gestos o sacrificios que parecen apoyar la igualdad de género, pero que en el fondo son más una manera de sentirse bien consigo mismos o de verse como “aliados” del feminismo y de la mujer. 

Consecuencias de esta autocomplacencia

La autocomplacencia puede tener varias consecuencias para las relaciones, tanto en la vida de pareja como en el ámbito laboral o familiar y son similares a las  que produce la desigualdad de género, dinámicas de poder y la Socialización jerárquica en igualdad de género

Falsa sensación de progreso: Cuando los hombres sienten que ya están haciendo lo suficiente, las relaciones pueden quedarse estancadas en patrones de desigualdad, ya que no hay un impulso real para un cambio profundo. Esto puede hacer que las relaciones parezcan igualitarias en apariencia, pero en la práctica, persistan desigualdades significativas.

Frena el avance real de la igualdad. Cuando una persona cree que ya está haciendo lo suficiente, disminuye el compromiso y no ve necesidad de cuestionar y revisar actitudes, ni se plantea mejorar los espacios para que sean más justos.

Mantiene dinámicas de poder invisibles. Aunque muchas veces no es intencional, la autocomplacencia evita que se reconozcan dinámicas de poder que afectan a mujeres y otras identidades. Al no cuestionarlas ni querer transformarlas, se refuerzan, aunque no haya una intención directa de hacerlo.

Dificulta la empatía y el diálogo. La actitud de autocomplacencia puede hacer que ciertos problemas o vivencias que mujeres u otras identidades de género mencionan parezcan “irrelevantes” o “incomprensibles”, lo que limita el diálogo y la empatía.

Desgasta las relaciones. En relaciones personales o de pareja, esta postura lleva a que haya menos comprensión de las necesidades de la mujer, sobre todo si  necesita un cambio de dinámica para sentirse respetada o igual. La autocomplacencia a menudo lleva a ignorar estas necesidades.

La autocomplacencia lleva a minimizar las experiencias de la pareja, a corregirla, ignorarla o invalidarla en sus emociones. Esto se convierte en una forma más sutil de violencia de género, pues perpetúa una jerarquía de “quien sabe mejor”, reafirmando un papel de autoridad o superioridad que, en el fondo, alimenta una desigualdad de poder en la relación.

Frustración en la pareja: Las mujeres en estas relaciones pueden experimentar frustración, ya que aunque existan algunos cambios, si no son en profundidad,  genera un desgaste emocional y una sensación de que sus propias necesidades y aspiraciones no se valoran de igual manera, minando su autoestima y su propia credibilidad.

Desequilibrio en el desarrollo personal: Los hombres pueden tener más tiempo y energía para su desarrollo personal y profesional. Dentro de una desigualdad estructural ellos avanzan en sus carreras, proyectos u ocio, mientras que las mujeres están más relegadas a un segundo plano a la hora de cubrir sus necesidades vitales, limitándose así su propio desarrollo.

Superar la autocomplacencia: hacia una igualdad activa y real

Para avanzar hacia una verdadera igualdad, es importante que los hombres no se conformen con pequeños gestos, sino que asuman la igualdad como un compromiso activo y continuo. 

Algunos cambios pueden incluir:

Autoevaluación constante: En lugar de asumir que pequeños gestos son suficientes, es fundamental revisar continuamente el propio comportamiento y preguntarse si se está contribuyendo de manera justa en todas las áreas de la vida compartida.
Participación equitativa en todas las áreas: Esto significa compartir de manera equitativa no solo las tareas físicas, sino también la carga emocional y organizativa del hogar y la relación. De esta forma, se elimina el desequilibrio en el esfuerzo y se reconocen todas las contribuciones.
Escuchar y aprender: La autocomplacencia puede superarse cuando los hombres realmente escuchan las experiencias y necesidades de sus parejas y se comprometen a hacer cambios significativos, sin expectativas de reconocimiento. La igualdad se construye cuando se actúa desde el respeto y la empatía, y no desde el deseo de recibir elogios.
Compromiso con el cambio estructural: La igualdad no solo implica hacer cambios individuales, sino también cuestionar y rechazar prácticas y actitudes que perpetúan la desigualdad en el ámbito laboral, familiar y social. 
Involucrarse en estos cambios contribuye a una igualdad que va más allá de lo personal y tiene un impacto positivo en la sociedad.
Reflexionar y cuestionarse. Superar la autocomplacencia implica que cada uno pueda revisar con sinceridad sus actitudes y preguntarse en qué áreas puede ser más justo y apoyar mejor la igualdad. ¿Hay patrones que sostengo y no me doy cuenta?
Escuchar sin invalidar. La clave está en escuchar de verdad y sin juzgar las experiencias de otras personas, especialmente cuando hablan de temas de desigualdad o de actitudes que les afectan.
Participar activamente. Esto no implica solo tener una actitud de respeto, sino contribuir activamente a que haya cambios en el entorno cercano (hogar, trabajo, amistades), apoyando oportunidades iguales para todos y todas.
Adaptarse a nuevos aprendizajes. La igualdad de género no es una meta que se alcanza y se deja, sino que evoluciona conforme todos aprendemos más. Implica abrirse a seguir aprendiendo y cambiando, adaptándose a nuevas maneras de pensar y relacionarse.

En conclusión, la autocomplacencia en temas de igualdad es un obstáculo para el cambio real y profundo en las relaciones de género. Para superarla, es necesario que los hombres adopten una actitud de autocrítica, reconozcan los beneficios de una relación equitativa, y asuman una responsabilidad compartida. 

Superar la autocomplacencia con la igualdad de género requiere pasar de una actitud pasiva a una activa. No es suficiente con tener “buenas intenciones”. hace falta una acción continua y sincera, que parte de la autoevaluación y se extiende hacia los demás. Para cambiar esta situación, es clave reconocer las áreas donde aún existen desigualdades, cuestionarse constantemente y fomentar una comunicación abierta y empática. La autocrítica, la voluntad de entender la perspectiva de las mujeres y de revisar conductas propias son fundamentales para reducir esta complacencia y evitar que derive en comportamientos dañinos.