lunes, 11 de noviembre de 2024

Dinámicas de poder en pareja

Las cosas que tiene Eloisa

Vamos con otro tipo de dinámicas de poder; esta vez le toca el turno a las dinámicas de poder en pareja y teniendo en cuenta que cuando hable del hombre será el rol del hombre y cuando hable de la mujer, será referido al rol de la mujer, tal y como han sido estereotipados en nuestra sociedad que aún sigue siendo patriarcal, pese a los avances y aunque no queramos. Lo digo porque hoy en día existen otras vinculaciones relacionales tan válidas como la tradicional mujer- hombre, en las que se dan las mismas dinámicas.

Estas dinámicas en la pareja pueden estar en equilibrio, por lo que todo marcharía bien, puesto que a veces llevará la batuta de una situación una parte y a veces será la otra. Todo comprensible, pactado y respetado, con y en un continuo diálogo sobre los temas en los que se puede discrepar y con un afán de resolución de conflictos basado en ese respeto mutuo y la no interpretación de unos hechos de forma subjetiva que da lugar a más conflictos en vez de llegar a las soluciones. 

Esto así, tal cual de sencillo, en la práctica no lo es tanto, por lo que las dinámicas de poder en pareja pueden volver desequilibradas y mucho más, si metemos el ingrediente de la socialización jerárquica en la que hemos sido educadas y educados, la cosa se complica y mucho.

Las dinámicas de poder en una relación de pareja son las formas en que ambas partes manejan la influencia, la toma de decisiones y el control en su vida compartida. Las dinámicas de poder pueden ser equilibradas o desequilibradas, y conocer la diferencia puede ayudar a evitar conflictos, mejorar la comunicación y lograr una relación más sana y feliz.

Dinámicas de Poder Equilibradas

En una relación con una dinámica de poder equilibrada, las partes tienen la oportunidad de opinar, decidir y ser escuchadas de igual manera. Aquí no importa quién tiene más recursos (como dinero, estudios, trabajo o habilidades), sino que hay una actitud de respeto y colaboración constante.

Las dinámicas de poder equilibradas en una pareja se basan en la idea de que ambas personas tienen voz y voto en la relación. Aquí el poder no está concentrado en una sola persona, sino que se distribuye de forma que ambas se sientan valoradas, escuchadas y con la libertad de ser ellas mismas. En estas dinámicas, cada parte entiende que el bienestar individual y el de la relación son igualmente importantes, y que mantener ese equilibrio depende de la cooperación y la buena comunicación.

¿Cómo son estas dinámicas?

Comunicación abierta: cada persona siente libertad de expresar sus ideas, emociones y necesidades.

Escucha Activa y Empatía: En una relación equilibrada, la escucha activa y la empatía juegan un papel central. Esto significa no sólo oír, sino realmente entender y validar lo que la otra persona expresa. La empatía hace que cada persona se sienta segura al compartir emociones y preocupaciones, sabiendo que la otra no va a juzgar o menospreciar.

Apoyo mutuo:  se apoyan en sus metas individuales y de pareja, y hay una genuina preocupación por el bienestar de la otra persona.

Una pareja con poder equilibrado entiende que el crecimiento de cada parte contribuye a la relación. Esto implica respetar los sueños y metas individuales, ofreciendo apoyo y espacio para que cada persona siga su propio camino. Aquí no se limita ni se impone lo que una puede hacer, sino que se celebra el progreso personal de la otra persona.

Toma de decisiones en equipo: decisiones importantes se conversan y se acuerdan juntas, teniendo en cuenta los deseos y opiniones de ambas partes.

Decisiones importantes, desde temas financieros hasta planes de futuro, se conversan de manera conjunta. La clave está en que ambas partes se sientan con la libertad de opinar y aportar. Esto evita que alguien sienta que lleva el peso de la responsabilidad por un lado o que es ignorada por otro.

Distribución de Responsabilidades Justa

Las tareas del día a día, como las responsabilidades de hogar, el cuidado de hijas/o, madre/padre, mayores, etc., o la planificación de actividades, se dividen de manera equitativa o de forma en que ambas partes se sientan cómodas. Nadie se encarga de todo ni espera que la otra persona asuma todas las responsabilidades.

Respeto Mutuo

En una dinámica equilibrada, ambos respetan y valoran los pensamientos, opiniones y decisiones del otro, aunque no siempre estén de acuerdo. Nadie invalida los sentimientos o creencias de su pareja; al contrario, se buscan puntos en común o acuerdos donde ambas personas se sientan bien.

¿Por qué se dan?

Porque ambas personas se sienten seguras y respetadas en la relación.
Han aprendido a escuchar y validar los respectivos puntos de vista.
Confían en que la otra persona tiene en cuenta sus sentimientos y necesidades.

Consecuencias y beneficios de las dinámicas equilibradas

Reducción de conflictos: Cuando ambas personas se sienten escuchadas y valoradas, los conflictos disminuyen, y en caso de que surjan, son mucho más fáciles de resolver.

Fomento de la confianza: La confianza crece porque ambas partes saben que la relación es justa y que el bienestar de cada una es una prioridad.

Mayor conexión emocional: Sentirse en un terreno de igualdad permite que las personas sean auténticas y vulnerables, lo cual fortalece el vínculo afectivo.

Satisfacción a largo plazo: Las parejas que logran mantener esta dinámica tienden a tener relaciones más satisfactorias y estables con el tiempo, ya que cada una se siente plena y comprometida.

¿Cómo mantenerlas?

Dialogar siempre con respeto: practicar la empatía y escuchar sin interrumpir. La comunicación abierta y sincera evita malos entendidos. Es importante compartir los pensamientos, deseos y preocupaciones de forma directa, sin culpas ni resentimientos. Hablar regularmente sobre cómo se sienten en la relación ayuda a resolver problemas antes de que se conviertan en conflictos.

Tomarse el tiempo para hablar de los temas importantes: hacerlo sin presiones de tiempo ni juicios.

Ser Flexibles y Adaptarse al Cambio: Las necesidades de cada persona pueden cambiar con el tiempo, y la relación también debe ser capaz de adaptarse. Esto incluye ser flexibles en la distribución de responsabilidades o en la forma de manejar los conflictos, en lugar de insistir en tener la razón o aferrarse a una manera fija de hacer las cosas.

Reconocer los Logros y el Esfuerzo de cada parte: Valorar y celebrar los esfuerzos que cada uno hace por la relación, ya sea en lo cotidiano o en proyectos de vida, fortalece el vínculo y reduce las tensiones. En las persona que se sienten apreciada por la pareja aumenta la satisfacción y reduce las posibilidades de que alguien sienta que se aprovechan de sus esfuerzos.

Buscar Acuerdos y no ganar: En una dinámica de poder equilibrada, no se trata de que alguien gane la discusión. La idea es buscar soluciones en las que ambas partes se sientan bien, aun cuando cada una deba ceder en algo. Esto ayuda a construir un equipo basado en el respeto mutuo.

En definitiva, podríamos definir que en las relaciones en pareja basadas en dinámicas de poder equilibradas, viven con amor FATI, porque la realidad es que existen parejas y parejas, por lo que conocer que significa e implica llevar unas relaciones equilibras, es la antesala de identificar a las que están en desequilibrio.

Dinámicas de Poder Desequilibradas

Cuando la relación tiene una dinámica de poder desequilibrada, una de las dos partes suele llevar la voz principal en las decisiones, y la otra persona puede llegar a sentir que sus opiniones y deseos no tienen tanto peso. Este tipo de relación puede generar malestar y frustración con el tiempo, y a veces la persona que más poder tiene ni siquiera es consciente de la situación.

¿Cómo son estas dinámicas?

Imposición de decisiones: una persona decide por las dos o simplemente asume que su opinión es la mejor y por ello tiene más peso.

Minimización de opiniones: cuando una persona impone sus criterios sobre la otra, esta siente que sus pensamientos, necesidades o emociones no son tan importantes, algo que acentúa el desequilibrio puesto que su autoestima va bajando mientras que la de la parte dominante va creciendo.

Desequilibrio emocional o económico: Una parte puede asumir que el hecho de contribuir más económicamente, por ejemplo, le da “derecho” a decidir más. 

Otro ejemplo puede ser que si una parte tiene más estudios, sienta que tiene más aciertos porque sabe más y por lo tanto le da más derechos a decidir.

¿Por qué se dan?

  • Falta de comunicación o malentendidos en las expectativas de cada parte.
  • Creencias culturales o familiares de que uno “debe” tener más peso en las decisiones, aquí es donde encajamos socialización jerárquica.
  • Dependencia emocional o económica que impide a una parte expresar sus necesidades.

Consecuencias de las dinámicas desequilibradas

Resentimiento y frustración: la persona que siente menos poder puede empezar a sentir enojo o tristeza, lo que lleva a conflictos.

Falta de conexión: el desequilibrio en el poder afecta a la comunicación y hacer que ambas partes se distancien.

Desgaste emocional: A la larga, la persona que se siente minimizada puede experimentar baja autoestima, ansiedad o sentirse atrapada.

¿Cómo Prevenir y Solucionar Dinámicas Desequilibradas?

Para prevenir:

Establecer expectativas claras: Hablar al inicio sobre cómo ambas partes desean que sea la toma de decisiones y el apoyo en la relación.

Mantener la comunicación regular: No esperar a que haya un problema para hablar; revisar periódicamente cómo se sienten en cuanto al poder y las decisiones.

Cultivar la empatía y el respeto: Asegurarse de ponerse en el lugar de la otra persona y de evitar hacer suposiciones sobre sus deseos y necesidades.

Para solucionar:

Hablar de los sentimientos con sinceridad: Si una parte se siente menos escuchada o valorada, expresar esos sentimientos de forma respetuosa y clara.

Revisar cómo se toman las decisiones: Si una persona suele decidir, probar a hacer un cambio en la dinámica, acordando decidir juntas.

Buscar apoyo: La terapia de pareja puede ser útil para ver patrones de poder y aprender a equilibrarlos.

Ejemplo de Estrategias para Cada Persona

Para quien siente que tiene más poder:

Escuchar antes de actuar: Puede probar preguntar antes de tomar una decisión que afecte a ambos.

Empoderar al otro: Ceder espacio en temas importantes para que ambos se sientan involucrados.

Para quien siente menos poder:

Definir sus límites: Reflexionar sobre las cosas que desea y necesita, y aprender a expresarlas sin miedo.

Pedir participación activa: Tomar un rol activo en la toma de decisiones y comunicar cuando se siente dejada de lado.

Las dinámicas de poder en pareja, cuando son saludables, permiten que ambas personas crezcan y se sientan apoyadas. Pero cuando el poder se desequilibra, la relación se va volviendo tensa y afecta a la felicidad de cada persona. 
Por eso, mantener el respeto, el diálogo y la colaboración es clave para que una pareja prospere junta y sin resentimientos.

DINAMICAS DE PODER

DINAMICAS DE PODER EN LA FAMILIA

DINAMICAS DE PODER EN EL TRABAJO

DINAMICAS DE PODER EN LA AMISTAD

Lo dicho y reiterado, cultivar y mantener una dinámica de poder en pareja equilibrada requiere tiempo y un esfuerzo constante, pero los resultados traen gran satisfacción y felicidad. Ambas personas sienten que crecen juntas y que la relación no se vuelve una lucha de control, sino un espacio de apoyo y realización mutua.

domingo, 10 de noviembre de 2024

El rol del proveedor

Las cosas que tiene Eloisa

Para poder abordar la figura del rol del proveedor, primero quiero hacer referencia a quién consideramos proveedor y cuál es su papel.

Proveedor es la persona o entidad que ofrece bienes o servicios a otras personas o empresas; puede ser persona o empresa que vende productos o que ofrece diferentes servicios.

El proveedor es importante porque asegura que las personas tengan acceso a lo que necesitan para vivir y trabajar.

Su función incluye:

Suministrar: Ofrecer productos o servicios.

Cumplir con acuerdos: Respetar los plazos y condiciones acordadas con quienes compran.

Atender necesidades: Escuchar y adaptarse a lo que los clientes requieren.

El proveedor es fundamental en la economía, ya que conecta a quienes producen con quienes consumen.

Proveer, bonito verbo y utilizable en otros contextos, … me viene a la mente la frase "que Dios te provea" que expresa el deseo de que no te falte de nada o que todo te vaya bien o que no pases penurias. 

Voy a dar un paso más para saber en qué contextos se utiliza el rol del proveedor y qué significa de manera más extensa, porque es un rol que me llama la atención por las connotaciones que puede tener.

Lo voy a utilizar en masculino porque se denomina así, el rol del proveedor.

En términos sencillos, se refiere a la persona que se encarga de aportar los recursos económicos y materiales necesarios para el bienestar de otras personas, que pueden ser una familia, una pareja o incluso un grupo de amistades. 

Tradicionalmente, este rol ha estado asociado a la figura masculina, lo que implica una serie de dinámicas particulares que afectan a la forma en que nos relacionamos (Vivir bajo una estructura patriarcal). Hoy en día, el rol de proveedor ha cambiado significativamente, ya que cada vez más mujeres trabajan, contribuyen económicamente y comparten responsabilidades financieras.

Pese que esto es así hace tiempo, este cambio no siempre es fácil de integrar en las dinámicas familiares, sociales o de pareja.

Hoy en día, el rol del proveedor no lo es sólo económicamente, también tiene que haber un aporte en apoyo emocional, tiempo de dedicación y cuidados.

A las mujeres se nos puede dar bien porque lo de ser apoyo emocional, dedicar nuestro tiempo y saber cuidar ya lo hacíamos, así que, si le añadimos la contribución económica, tenemos el lote completo en la mayoría de los casos.

 ¿Y los hombres? ¿Cómo hacen para ser apoyo emocional, dedicar tiempo y cuidar si hasta hace muy pocos años la expresión de las emociones les ha estado "prohibida", el tiempo era para ellos y de los cuidados no se encargaban?

En principio esa idea está desfasada y ahora todas y todos esperamos que, independientemente del género, las personas contribuyan también emocionalmente, dediquen tiempo de calidad y asuman su parte en los cuidados. Este cambio plantea un reto importante para muchos hombres que crecieron en una cultura donde expresar emociones o involucrarse en los cuidados no era parte de su formación; su función era ejercer el rol del proveedor económico y listo, se dejaban de más líos “de mujeres”.

  • El peso del rol del proveedor y la "prohibición" emocional

Durante generaciones, a los hombres se les inculcó la idea de que debían ser proveedores fuertes, resolutivos y prácticos, y expresar emociones como tristeza, miedo o algún connato de vulnerabilidad era visto como un signo de debilidad que les alejaba de esa masculinidad hegemónica dominante.

Este condicionamiento cultural ha dejado una huella que, con el cambio de los tiempos y el empoderamiento de la mujer, les lastra al intentar adaptarse a roles más igualitarios.

Hay una serie de consecuencias a las que los hombres tienen que hacer frente, al margen de que muchos piensan que están ya en la igualdad porque hay algún signo han modificado (La autocomplacencia con la igualdad de género), pero internamente les quedan secuelas machistas de la cultura patriarcal que les son difíciles de detectar.

Vamos con algunas de ellas:

  • Dificultad para conectar emocionalmente 

Como he comentado, en las sociedades patriarcales, a los hombres se les enseña desde pequeños que tienen que ser "fuertes", que llorar era de débiles y que mostrar emociones (salvo la ira y el asco) o incluso amor de forma abierta es de mujeres ¿El resultado? Una desconexión emocional que les dificulta expresar lo que sienten; no aprendieron a identificar ni a expresar emociones y, en consecuencia, les cuesta comprender lo que sienten otras personas, por lo que la empatía es una cualidad que tienen que trabajar y adquirir.

Esta carencia de inteligenciaemocional afecta a nivel relacional, provocando conflictos innecesarios e inútiles que distorsionan la realidad y dificultan las relaciones sanas.

Si añadimos que eran los que tenían el mando y el poder (dinámicas de poder) sin que nadie les pudiera decir nada, en la comunicación no han aprendido lo que significa la escucha activa, pecan de parecer desinteresados o desconectados, aunque en muchas ocasiones, la realidad es que tienen ese bloqueo emocional que les impide saber procesar qué es lo que sienten ellos y que siente la persona con quien hablan.

Hay otro punto; no pueden con el hecho de mostrar debilidad o vulnerabilidad, por lo que abrirse emocionalmente les hace sentirse expuestos y les genera inseguridad personal. Permanecen "cerrados" emocionalmente por sus miedos y costumbres culturales, y esta postura genera una distancia emocional nada beneficiosa para las relaciones.

Evidentemente, si existe un bloqueo emocional, si no tienen desarrollada la inteligencia emocional, ni la escucha activa y si permanecen cerrados y distantes, difícilmente pueden dar un apoyo emocional, lo más que pueden dar son consejos prácticos que solucionen problemas.

Con personas del trabajo o del ocio, las interacciones suelen ser menos intensas emocionalmente, lo que les resulta más cómodo. En un ambiente laboral pueden hablar de sus éxitos o frustraciones en términos más prácticos, mientras que en una relación de pareja se espera que hablen de lo que sienten, lo cual puede ser más difícil y arriesgado emocionalmente (de nuevo el sentirse vulnerables), algo que les genera presión y tensión, por lo que lo suelen evitar, o por lo menos lo intentan a toda costa.

El entorno laboral o de ocio, como un grupo de amigos o compañeros de deporte, muchas veces es visto por los hombres como un lugar seguro porque no implica el mismo nivel de juicio o responsabilidad emocional que en una relación de pareja. En esos contextos pueden compartir espacio y tiempo sin preocuparse tanto por las consecuencias emocionales profundas, las conversaciones suelen estar centradas en temas externos (proyectos, deportes, aficiones) más que en cuestiones personales o emocionales. Esto permite una conexión sin tener que profundizar demasiado, lo cual resulta más cómodo para quienes no están acostumbrados a manejar sus emociones.

Esto viene de herencia y muchos hombres han crecido viendo a sus padres o figuras masculinas importantes conectando emocionalmente más con sus amigos o colegas que con sus mujeres. 

Este modelo cultural del patriarcado, refuerza la idea de que el trabajo y el ocio son espacios de camaradería, mientras que el hogar es un lugar donde se cumplen roles y responsabilidades. Pero claro, este modelo cultural ya no vale, ya se ha modificado, ya las mujeres proveen económicamente a la familia y por lo tanto, a la pareja le piden un cambio; que no hagan tan sólo el rol trasnochado del proveedor y que provean también en calidad de tiempo y en cuidados, incluidos los emocionales.

Estas peticiones le requieren al hombre un trabajo, un tiempo y un exponerse a sus vulnerabilidades al abrirse emocionalmente que le resulta agotador, agobiante, molesto, pesado e incluso, angustioso y atosigante, por lo que tienen una tendencia a escapar y a culpabilizar a la pareja por sus peticiones de compartir algo más que bienestar económico.

Aquí es cuando viene la madre del cordero: por un lado, la pareja siente que no está valorada ni comprendida, por otro lado, el hombre se siente acosado e incluso, al no abrirse se puede sentir que se encuentra solo dentro de la relación y busca conexiones externas como refugio (ocio, amistades, etc.).

Se le ha complicado la vida al hombre en este aspecto; antes sólo se tenía que preocupar de proveer económicamente, con la contrapartida de tener el poder (dinámicas depoder en pareja), y ahora se le pide que esté a la altura de proveer de su tiempo de calidad (que antes era suyo para lo que quisiera) y de un apoyo emocional que no ha aprendido (ni quiere aprender en muchos casos), con el riesgo de mostrar su vulnerabilidad y perder su seguridad y el poder. Visto así no resulta muy alentador el cambio ¿verdad? Es complicado soltar los privilegios que durante generaciones se han tenido a cambio de algo que no saben ni qué es.

¿Qué ocurre entonces? Que se resiste a este cambio que para él sólo le trae esfuerzo, dedicación, trabajo e inseguridad, aparte de perder el poder estando en una relación igualitaria. 

  • Resistencia al cambio 

El hombre se encuentra en una repulsión al cambió que en ocasiones les produce ira (dos emociones admitidas en él), incluso el sólo hecho de adquirir información de algo distinto que pueda suponer tener que cambiar. No quieren correr riesgos por los que moralmente no tengan escapatoria del cambio (La autocomplacencia con la igualdad de género).

Por eso vamos como vamos en tema de igualdad, porque aún es mínima la parte de hombres que se han querido informar para elegir que quieren salirse de la masculinidad hegemónica que tanto oprime (al hombre y a la mujer); me refiero a hombres con otras masculinidades, que se han salido de la adicción al poder.

Pero hay que ver la realidad, y esta realidad es que aún quedan muchos, muchos, muchos hombres a los que asumir tareas de cuidados o mostrarse vulnerables genera incomodidad y malestar, y si no es esto, lo que les genera el malestar es la pérdida del poder (poder, prestigio, posición), porque desafía su identidad tradicional, esa que han mamado, tienen pegada a las entrañas y tan escondida que ni la quieren ver por conveniencia.

Cuando un hombre heteronormativo se enfrenta a la posibilidad de salir del rol tradicional impuesto por el sistema patriarcal, experimenta una resistencia al cambio porque percibe que perderá ciertos privilegios que considera beneficiosos o parte esencial de su identidad.

La cosa es que el hombre juega al parchís con todas las fichas ya sacadas sin tener que esperar a que te toque el 5 en el dado para empezar a jugar ¿injusto? Sí, totalmente injusto y lo que no es justificable es cerrar los ojos y los oídos ante eso y aceptar empezar a jugar como si no pasara nada, porque claro, así tienen más posibilidades de ganar la partida.

Voy con alguno de esos privilegios adquiridos por herencia:

El poder y el control

De entrada, vivir bajo el amparo de una estructura patriarcal, otorga a los hombres una posición de privilegio en las dinámicas de poder, tanto en la familia, como en la sociedad, como en el hogar, y cambiar este aspecto, hace que sientan que pierden el control sobre decisiones importantes o el dominio en ciertas áreas. Por ejemplo, dejar de tener la última palabra en una discusión o renunciar a decidir unilateralmente sobre cuestiones económicas, de ocio o familiares, disponer de su tiempo sin dar explicaciones, optar a no dedicarse a los cuidados, etc.

Privilegios "invisibles"

Muchos privilegios asociados al sistema patriarcal pasan desapercibidos porque están normalizados. Al abandonar ese sistema, el hombre puede sentir que pierde comodidades, ventajas o exenciones que no sabía que tenía como privilegio, como es ser menos juzgado por su apariencia o emociones, menos responsabilidades domésticas o de cuidados, mayor promoción laboral, ocupación de espacios, poseedor de la verdad, capacidad de elección mayor, etc.

No se dan cuenta que no se les quita nada que fuera suyo, que tan sólo la mujer recupera algo que le han usurpado desde hace generaciones.

Su identidad tradicional

El patriarcado asocia la masculinidad con ser fuerte, proveedor y protector. Cambiar ese modelo puede generar una crisis de identidad, ya que muchos hombres sienten que están "fallando" en lo que la sociedad espera de ellos si no cumplen con el rol de la masculinidad; si dejan esos roles, se encuentran con un vacío en el que no saben quiénes son, además de encontrarse con esos miedos internos a no sentirse respetados.

Estatus y validación social

El estatus y la validación social son como las medallas o los premios que los hombres ganan cuando siguen el “manual del hombre perfecto” que impone el sistema patriarcal; este premia a los hombres que se ajustan a su rol tradicional.

Salirse de este molde puede implicar perder reconocimiento o respeto en su entorno (volvemos al miedo). Por ejemplo, a través de críticas o burlas por asumir tareas consideradas "de mujeres”, veto a ascensos laborales por ser emocionales y vulnerables, menos contactos en esferas del poder, etc.

Seguridad emocional

Los roles patriarcales ofrecen una estructura que da seguridad, … pero no es oro todo lo que reluce, porque a cambio están toda la vida con la presión de si están dando el perfil de ello o no, y con las limitaciones que lleva, como la imposibilidad de la expresión personal individual de quienes son, que conlleva vivir frustrados al estar desconectados de ellos mismos. Al no haber tenido espacio para gestionar sus emociones, muchos enfrentan estrés, ansiedad o conflictos internos, además del miedo al rechazo por salirse de ese rol de proveedor duro, fuerte, resolutivo y práctico.

Además, modificar actitudes para un cambio de rol hace que se sientan vulnerables, ya que tendrán que aprender a gestionar emociones y relaciones de formas nuevas y menos controladas, como enfrentarse a conflictos emocionales que antes evitaban, cuestionar sus propias creencias, autocrítica de lo que han hecho hasta ese momento, indagar en quiénes son y cómo son, etc.

La sensación de superioridad

El patriarcado promueve una jerarquía donde los hombres están por encima de las mujeres y cambiar este paradigma se siente como una pérdida de importancia o de un "estatus natural" que la cultura les ha inculcado.

Esta sensación de superioridad no es algo que los hombres "inventen", sino que es algo que la sociedad les inculca desde pequeños. En el manual de instrucciones para ser hombre dice que los hombres son más fuertes, más inteligentes y más importantes que las mujeres.

 Comodidad en la rutina

Los roles tradicionales pueden ser cómodos porque no requieren cuestionarse ni cambiar. Salir del sistema patriarcal implica trabajo emocional y mental, lo que puede parecer agotador o innecesario para quienes no perciben los beneficios del cambio.

La verdad es que no son para envidiar tampoco, pero lo que molesta es la resistencia al cambio, porque generan un malestar relacional, una desigualdad social y de poderes, que trae consigo entre otras cosas violencia y muerte … ¡no es ninguna tontería!

Hay que entender esta resistencia al cambio porque les han educado desde la más tierna infancia a tener unos privilegios sólo por haber nacido hombres y esto crea una adicción a tenerlos. Es verdad que hay que entender un grado de resistencia, sí, pero, … ¿hay que aceptarla? NO

Entendamos que hay:

Miedo al cambio

Falta de modelos positivos (otras masculinidades)

Inercia social y cultural

Falta de habilidades emocionales

-Son motivos que me parecen totalmente solventarles con un poquito de interés.

NO ACEPTEMOS:

La desigualdad social

La violencia de género

La autocomplacencia en igualdad degénero

Supremacía en la toma de decisiones

Acceso privilegiado al espacio público

Expectativas más bajas en lo emocional

Mayores oportunidades laborales y económicas

Validación social automática

Que me dejo cosas en el tintero, fijo. Las que he puesto las iré desarrollando en otras entradas hacia las que estarán los enlaces.

El rol del proveedor es un poco traicionero tanto para quien lo ejerce, como para quién recibe los beneficios de su proveer. Me explico:

A nivel familiar, como tradicionalmente se ha esperado que los hombres sean los que traigan el dinero a casa y mantengan a la familia, a simple vista pueda parecer un acto generoso, pero… esta dinámica esconde una serie de cuestiones de poder. ¡Tachán!, de nuevo aparecen las dinámicas de poder (en familia y pareja).

Más de uno/a y de dos andarán pensando que ya estamos sacando de contexto las cosas y que ¿desde cuándo ser generoso está mal? Pues la generosidad en si no es mala, todo lo contrario, lo malo es que esa generosidad enmascare:

Control económico- Quien controla el dinero, controla muchas decisiones. Desde qué se compra hasta dónde se va de vacaciones.

Sentido de superioridad- Al ser el principal proveedor, se puede generar una sensación de superioridad, como si se estuviera haciendo un favor al resto de la familia.

Exigencia de reconocimiento- A menudo, se espera que el proveedor sea reconocido y agradecido por su aporte económico, lo que puede generar resentimiento si no se siente valorado.

¿Cómo se enmascara el poder en el hombre con el rol del proveedor?

"El buen proveedor"- Se presenta al hombre proveedor como un héroe, alguien que sacrifica su tiempo y esfuerzo por el bienestar de su familia, buena gente y buen hombre.

Culpabilización- Si la mujer cuestiona esta dinámica o pide más equidad, se la puede hacer sentir culpable por no valorar lo que el hombre hace.

Dependencia económica- La dependencia económica de la mujer hacia el hombre puede limitar su autonomía y su capacidad para tomar decisiones.

Desigualdad- Esta dinámica refuerza las desigualdades de género, al perpetuar la idea de que los hombres son los responsables de proveer y las mujeres las encargadas del cuidado del hogar. No hay un reparto igualitario ni equitativo, cada persona aporta lo que es y lo que tiene.

Relaciones tóxicas- Puede generar relaciones tóxicas basadas en el control y la dependencia, lo que vienen a ser las dinámicas de poder desequilibradas.

Presión sobre los hombres- Los hombres también sufren las consecuencias de este rol, ya que se les exige ser proveedores a toda costa, lo que puede generar estrés y ansiedad.


El rol del proveedor generoso, aunque parezca positivo, esconde una serie de dinámicas de poder que pueden ser perjudiciales para las relaciones y para la igualdad de género.

Sigo escribiendo de este rol con cositas que voy encontrando y que, aunque en muchas ocasiones reitere conceptos, no me importa porque será que lo necesito poner para que cuando me lean y yo me relea, sirva de recordatorio y grabación mental que minimice lo aprendido hasta el momento como válido.

A nivel social, el rol de proveedor puede reforzar ciertas expectativas y estereotipos, además, por un lado, puede generar una sensación de seguridad y estabilidad en el grupo, como es contar con alguien que se encargue de los recursos que facilite la planificación y el desarrollo de proyectos (políticos, sociales, …), sin embargo, también puede llevar a la creación de dinámicas de poder desequilibradas.

En el ámbito familiar, la historia puede ser tanto positiva como negativa. Por un lado, puede fomentar un ambiente de apoyo y cuidado, donde sentirse protegida/o y, por otro lado, puede generar tensiones si la persona que ejerce este rol siente que su valor se mide únicamente por su capacidad de proveer, llevando a un desequilibrio en las relaciones familiares, donde las contribuciones no económicas, de gestión de recursos o emocionales pueden ser subestimadas. Si a esto le añadimos de nuevo que se crean unos vínculos relacionales insanos y de dependencia (dinámicas de poder en la familia), donde las personas que no son proveedoras pueden sentirse menospreciadas o limitadas en su autonomía, … ¡el cóctel está servido!

En las amistades, el rol de proveedor puede manifestarse en situaciones donde una persona asume la responsabilidad de organizar actividades o cubrir gastos. Esto puede ser visto como un gesto generoso, pero también puede crear expectativas poco realistas o generar resentimientos si no hay un equilibrio en las contribuciones al grupo. 

Lo que en un principio es algo que se hace de manera voluntaria y generosa, acaba convirtiéndose en una carga si no se comparte el rol, además de crear vínculos emocionales basados en tanto me das, tanto vales, donde se pueden dar situaciones no equitativas (dinámicas de poder en la amistad).

Si todas las personas contribuyen de manera justa, el rol de proveedor es menos relevante y fomenta un ambiente de colaboración y apoyo mutuo, donde cada persona se siente valorada por sus habilidades y aportes, no solo por su capacidad económica.

En el ámbito laboral, el rol de proveedor puede influir en la forma en que una persona se relaciona con el resto y su entorno (dinámicas de poder en el trabajo). Aquella persona que asume este rol puede sentir una presión adicional para sobresalir y mantener su posición, lo que puede llevar a un estrés considerable. Además, si se identifica fuertemente con su rol de proveedor, puede descuidar otras áreas de su vida, como el desarrollo personal o las relaciones interpersonales.

Ya tenemos algún ingrediente más para conformar la idea del rol del proveedor, así que voy a intentar resumir:

Ø Pros y contras del rol de proveedor

Pros para la persona que ejerce el rol de proveedor:

Sentido de propósito- Puede generar una sensación de logro y satisfacción al poder cuidar de los demás.
Estabilidad económica- Proveer puede llevar a una mayor seguridad financiera para el grupo.
Reconocimiento social- En muchas culturas, ser proveedor es visto como un rol honorable, lo que puede traer reconocimiento y respeto.

Contras para la persona que ejerce el rol:

Estrés y presión- La responsabilidad de proveer puede ser abrumadora y generar ansiedad.
Desbalance en la relación- Puede llevar a una dinámica desigual si no se reconocen otras formas de contribución.
Identidad limitada: La persona puede sentirse utilizada y tan sólo valorada por lo que aporta, aunque no sea real y sus valores puedan estar en algo muy distinto a las meras aportaciones.

Es evidente que todo tiene dos caras; una buena y otra no tan buena o incluso mala. Saber identificar y no pasarse "al lado oscuro" cuando una persona es proveedora, no es tan fácil de detectar porque, como la intencionalidad con la que se hacen las cosas a nivel mental, quizás no tengan nada que ver con la intencionalidad inconsciente que lleva a adquirir el rol del proveedor, la cosa se pone complicada.

Algunas personas sienten que necesitan demostrar su valor personal, otras realmente disfrutan cuidando de las demás personas, algunas están movidas por el deseo de ayudar, por el sentido de la responsabilidad, y algunas veces, simplemente se acostumbran a estar ahí para el resto. 

Tienen muchos aportes positivos y no siempre es algo negativo, pero cuando no hay equilibrio, puede causar desgaste o crear dinámicas complicadas con las personas a quienes proveen. 

 

Para las personas que tienen al lado una que ejerce el rol del proveedor, puede ocurrirles:

Dependencia 

A largo plazo, quienes están cerca de un proveedor pueden llegar a depender demasiado de él o ella. Esta dependencia puede hacer que sientan que no son capaces de tomar sus propias decisiones o enfrentar desafíos sin ayuda, lo cual limita su autonomía y confianza en sus capacidades.

Pérdida de voz y espacio propio 

Cuando alguien asume el rol de proveedor, puede terminar tomando todas las decisiones importantes. Esto puede hacer que las personas a su alrededor se sientan menos escuchadas o que sus opiniones no tienen tanto peso, porque el proveedor suele liderar en todo.

Dificultad para desarrollarse

Quienes dependen del proveedor pueden sentirse estancados, ya que no desarrollan ciertas habilidades o hábitos, como el manejo del dinero o la resolución de problemas. Esta falta de experiencia puede hacer que se sientan inseguros al enfrentarse a situaciones en las que el proveedor no esté para ayudar.

Desequilibrio en la relación

A largo plazo, el rol de proveedor crea una relación desigual; una persona da mucho y la otra recibe sin corresponder de la misma manera, bien porque se acomoda, bien porque no la dejan. Esto puede generar tensiones o resentimientos, ya que el proveedor puede sentir que no recibe el mismo nivel de apoyo o consideración, y quien recibe puede sentir que le piden la sumisión y la voz y el voto en las decisiones.

Pérdida de iniciativa: Con el tiempo, las personas a su alrededor pueden dejar de tomar la iniciativa porque están acostumbradas a que el proveedor asuma ese rol. Esto afecta su capacidad para proponer, organizar o resolver por su cuenta, y puede hacer que pierdan parte de su independencia.

En cualquiera de los contextos vitales, contar con una persona proveedora es beneficioso porque brinda estabilidad, cuidado y apoyo, eso sí, siempre y cuando no fomente una dependencia, donde otras personas no pueden desarrollar sus capacidades.

A largo plazo, la dependencia no saludable creada desestabiliza, ya que para la persona proveedora resulta una carga de la que quiere escapar y para el resto resulta una inestabilidad sentir que la persona que les daba seguridad y confianza, quiere escapar o huir.

Ser o tener cerca una persona proveedora en sí mismo es un factor de tranquilidad, el problema viene cuando el rol se convierte en una carga constante para la persona que lo ejerce y, por otro lado, cuando a largo plazo se convierte en un foco de relaciones no equitativas en las dinámicas de poder. 

En una sociedad machista, el rol del proveedor está cargado de expectativas de control, fuerza y autosuficiencia, lo que afecta tanto a la persona que asume este rol como a quienes están a su alrededor. A través de la socialización jerárquica a la que hemos sido todas y todos sometidas y sometidos, nos han impuesto un sistema totalmente descompensado y desequilibrado que trae unas consecuencias. Este sistema limita la igualdad y el crecimiento personal de ambas partes, ya que fija a las personas en roles rígidos donde la autonomía, la colaboración y la reciprocidad son menos valoradas.

Es importante reconocer estas dinámicas, además de urgente y necesario trabajar para crear relaciones más equitativas, igualitarias y justas ¿Cómo? Con mucha información para nosotras y para ellos de lo que suponen estas dinámicas, nosotras para no consentirlas, ellos para no reproducirlas. Indudablemente una de las partes actoras principales es el rol del proveedor con sus dinámicas y reconocerlo es ya un avance.

Socialización jerárquica

Las cosas que tiene Eloisa

Estos temitas "feministas" que tan poco gustan por ser incómodos, por transgredir las creencias, por ser una exageración hoy en día y por ser cosas de mujeres resentidas, … estos temitas son los que a muchas mujeres nos hacen darnos cuenta de en dónde estamos y qué estamos haciendo con nuestras vidas. No voy a excluir a los hombres porque los que están viviendo con otras masculinidades, también siguen en la línea de querer conocer dónde están y que hacen con sus vidas.

Uno de estos maravillosos temas es la socialización jerárquica a la que estamos sometidas todas las personas, seamos del género que seamos, y más tirana o menos tirana dependiendo de la cultura en la que nos encontremos.

¿Qué es esto de la socialización jerárquica?

La socialización jerárquica es un tipo de educación o enseñanza que recibimos, desde pequeñas/os y a lo largo de la vida, en la que aprendemos a ver a las personas como "superiores" o "inferiores" según ciertas características, como su rol, su estatus, su autoridad, o su riqueza. Este tipo de socialización nos enseña a relacionarnos y actuar de acuerdo con estas jerarquías.

La socialización jerárquica afecta nuestra manera de ver el mundo y nuestras relaciones porque nos enseña a respetar y valorar a las personas en función de su posición en una escala de poder, en vez de basarnos en el respeto mutuo o en el valor de cada persona como ser humano. Este enfoque puede limitar la igualdad y la colaboración, ya que fomenta relaciones de autoridad más que de equidad (las dinámicas de poder).

Si bien las formas más simplistas de la socialización jerárquica han cambiado, hay un trasfondo que permanece casi inalterable y llegar a él es perturbador para las personalidades formadas en ella, incluso para aquellas que han sido capaces de hacer otras serie de cambios, incluso muchos cambios, pero de la capa de arriba, sin llegar a capas más internas. 

Es evidente que, hay que ir quitando capas para llegar al meollo, con el tiempo y esfuerzo que conlleva y sobre todo, por los cambios relacionales que conlleva. Por esta razón, muchas personas nos quedamos con la satisfacción y con la convicción de que si hemos quitado parte de la primera capa, ya está todo hecho.

Los siguiente puntos que voy a poner, son parte de los que están en la capa superior de la socialización jerárquica que han cambiado y que incluso hoy en día nos cuestionamos si para bien, porque la realidad es que al ser cambios superficiales, dan resultados superficiales y no satisfactorios para un cambio social necesario.

Vamos con alguno de estos cambios superficiales:

En la familia: ver a las personas adultas como las máximas autoridades a las que hay que obedecer siempre, sin importar el contexto o la situación. Esto nos hace ver la relación entre personas adultas y menores de edad de forma jerárquica, sin que ambos tengan el mismo derecho a expresar sus opiniones o a decidir.

Cambio- el criterio de las hijas/os también importa, pero ojo, no es el momento de indagar las consecuencias por no haber otro grado de límites, pero "haberlos, haylos".

En la escuela: Es común que se enseñe a las y los estudiantes a ver a sus profesoras y profesores como figuras de autoridad absoluta, mientras que su propia voz o capacidad para tomar decisiones queda en segundo plano. La socialización jerárquica aquí enseña a aceptar la autoridad sin cuestionar o participar.

Cambio- el criterio del alumnado también importa, pero ojo, no es el momento de indagar las consecuencias por no haber otro grado de límites, pero "haberlos, haylos".

En el trabajo: En un entorno jerárquico, se espera que las personas "de menor rango" sigan siempre las órdenes de quienes están "por encima" de ellas, sin mucha libertad para proponer sus ideas o tomar decisiones. Esto crea una estructura donde las personas sienten que algunas valen más que otras por el cargo que ocupan.

Cambio- Las empresa ya buscan una manera de relacionarse diferente, con directrices empresariales que superficialmente animan al cambio de jerarquías, pero ojo, no es el momento de indagar, pero las razones no son siempre todo lo honestas (socialmente hablando) que algunas personas puedan pensar. La productividad empresarial, la manipulación económica, promover el consumismo, etc. también son alguna de las razones mayores.

Ya estamos viendo que esta socialización jerárquica es diferente en sus formas más externas, dependiendo de los tiempos en los que nos haya tocado vivir, ¿Qué tal si indagamos un poco más?

La socialización jerárquica moldea nuestras relaciones de manera que asumimos que hay personas “más valiosas” o “con más derechos” que otras, según su rol o su posición en una estructura de poder. Este enfoque jerárquico puede afectar tanto nuestra autoestima como nuestra autonomía y capacidad para colaborar de manera equitativa.

¿Qué consecuencias tiene?

Muchísimas y variadas, además de trascendentales en las relaciones entre personas; voy a tocarlas de forma general, porque de forma relacional entre el rol de hombre y rol de mujer, lo veremos más tarde:

Dificulta la igualdad

Cuando nos educamos con esta visión, es fácil que asumamos que la igualdad entre personas no es algo natural ni posible. Nos acostumbramos a ver a la autoridad como algo incuestionable y a creer que quienes ocupan roles más altos son inherentemente “mejores” o más importantes. Esto limita nuestra capacidad para relacionarnos de igual a igual, tanto en la familia, como en el trabajo y en otros espacios.

No es fácil de ver que mantenemos parte de estas "reglas no escritas", tan dando permiso a que continúen por ignorancia de no verlas, como ejecutándolas por esa misma ignorancia de no verlas.

Inhibe la autonomía y la participación 

Al aprender a relacionarnos de manera jerárquica, nos acostumbramos a ceder el poder de decisión a quienes están en posiciones de autoridad y asumimos que nuestras ideas o deseos son menos importantes. Esto nos vuelve menos propensos a participar, a cuestionar o a tomar decisiones de manera independiente. 
La socialización jerárquica nos condiciona a aceptar las normas y las estructuras tal como están, en vez de desarrollarnos como personas autónomas y activas. Es curioso ver la fuerza que tiene porque es bastante habitual que personas que en ocasiones han sido capaces de salir de esta normativa de socialización, vuelven a caer en ella en otros contextos.

Refuerza las diferencias de poder y dependencia 

Este tipo de socialización fomenta la dependencia y el apego a la autoridad. Nos acostumbra a buscar el visto bueno o el permiso de quienes nos han hecho creer que ocupan posiciones “superiores” antes de actuar, y puede hacer que sintamos que no somos capaces o merecedores de tomar decisiones importantes por nuestra cuenta. 
Además, quienes están en posiciones de poder suelen mantener esa posición y reforzarla porque, culturalmente, se les ha enseñado que tienen “derecho” a ejercer autoridad sobre quienes se perciben como “inferiores”.
Ojo, que dejar de tener algo que crees que tienes por derecho, es cuando menos desconcertante, porque se ve injusto e injustificable. 

¿Por qué es importante cuestionar la socialización jerárquica?

Cuestionar esta forma de socialización es importante para construir relaciones más justas, en las que el respeto y la dignidad de cada persona no dependan de su posición o rol. Al reconocer y desarmar estas jerarquías, nos abrimos a nuevas maneras de relacionarnos donde se valoren la colaboración, la participación equitativa y el respeto mutuo.

Esta socialización jerárquica es muy patente en una sociedad patriarcal, en la que el hombre heteronormativo está en una posición superior frente al resto de los mortales, con la implantación de unas dinámicas de poder que se perpetúan generación tras generación.


Algunas y algunos ya estaréis pensando que todo esto es un poco desproporcionado y exagerado hoy en día, que estar todo el rato con las mismas cosas aburre, pero es que, seguimos viviendo las cosas que están en la profundidad igual que hace años. 
Repito que estamos rascando superficie para llegar a lo que importa limpiar, y de verdad, que lo que importa limpiar está en un sitio de difícil acceso porque lo llevamos impregnado en los huesos con esta socialización jerárquica heredada desde tiempos demasiado remotos. Si queréis saber más sobre ello os dejo este enlace "Socialización jerárquica en término de igualdad de género".

jueves, 7 de noviembre de 2024

Dinámicas de poder en la amistad

Las cosas que tiene Eloisa

Sigo con las dinámicas de poder,, leyendo como son en los diferentes contextos en los que las encontramos y esta entrada es para las dinámicas de poder en la amistad, que aunque se supone que es todo más libre y fluido, también existen.

Las dinámicas de poder en la amistad pueden parecer algo raro o rebuscado, pero, en realidad, están presentes en muchas de nuestras relaciones sin que nos demos cuenta. Básicamente, como ocurre con todas las dinámicas de poder, una dinámica de poder es cuando una persona  tiene más influencia o control sobre la otra, pero en este caso dentro de una amistad. 

Esto no significa necesariamente que alguien esté "mandando," pero sí que una persona puede tener más peso a la hora de decidir cosas cómo dónde ir o qué hacer, de llevar la conversación, o de cómo fluye la relación en general. 

He elegido algunos puntos para saber un poco más sobre este tipo de dinámicas; cómo se dan, por qué suceden, y algunas diferencias que se ven entre amistades de mujeres y hombres.

Por qué se dan estas dinámicas de poder en las amistades

Hay muchas razones por las que una persona puede tener más poder en una amistad, y no siempre es de manera consciente o intencional:

Personalidades distintas: Si alguien es muy extrovertida/o o segura/o, puede que tome más decisiones o hable más. Mientras tanto, la persona más tranquila o que no le gusta el conflicto puede preferir seguir la corriente.

Experiencia o conocimiento: Si una persona ha vivido más o tiene conocimientos que la otra no, es posible que tome el rol de consejera/o A veces, esto hace que la otra persona se sienta más dependiente y tienda a seguir los consejos de quien considera "experta."

Seguridad emocional: Algunas personas son más seguras o independientes emocionalmente, mientras que otras pueden necesitar más apoyo. La persona que da apoyo suele asumir una posición de “poder” simplemente porque es quien sostiene la relación en los momentos difíciles.

En todo esto que está descrito no hay absolutamente nada que no sea normal y beneficioso para todas las personas integrantes de los grupos de amistad, porque es la forma de nutrirse el grupo con la aportación individual de cada persona, es algo enriquecedor. 

El problema viene, como siempre, en el predominio no pactado de que sea sólo una persona la que ejerza el poder mayoritariamente. Es lo que llamaríamos las dinámicas de poder desequilibradas en la amistad y curiosamente, este desequilibrio suele darse de forma gradual y muchas veces sin que las personas lo noten al principio.

Cómo son estas dinámicas de poder

Las dinámicas de poder en una amistad pueden manifestarse de muchas maneras, y como he dicho, no siempre son negativas. A veces, ese “desequilibrio” puede ser natural y sano, siempre que las personas se sientan cómodas y respetadas, pero, en otras ocasiones, puede hacer que una de las personas se sienta incómoda o que sienta que no es escuchada.

Ejemplos de estas dinámicas pueden ser:

Decisiones y planes: Cuando siempre es una persona la que decide a dónde ir, qué hacer o cuándo verse. Si siempre una toma la iniciativa y la otra solo acepta, eso puede mostrar una dinámica de poder.

Apoyo emocional: Si siempre una escucha y da apoyo, pero no recibe el mismo apoyo de vuelta, puede sentirse como un "desequilibrio". Las amistades fuertes funcionan mejor cuando el apoyo es mutuo.

Validación y autoestima: A veces, en una amistad, una persona puede depender mucho de la otra para sentirse segura o aceptada. Esto crea una dependencia en la que una se siente en posición de dar (o negar) esa aprobación o validación.

Diferencias entre grupos de amistad entre mujeres, amistad entre hombres y grupos mixtos

Hay ciertas diferencias en cómo se ven estas dinámicas en amistades entre mujeres y entre hombres, aunque, claro, cada amistad es única y esto no aplica a todos los casos.

En amistad entre mujeres 

Suele haber más intensidad emocional y profundidad en las conversaciones, lo que significa que las dinámicas de poder pueden aparecer en cómo se ofrece y recibe el apoyo emocional. 
En estas amistades, es común que una persona pueda volverse la "protectora" o "consejera," mientras que la otra asume un rol de "aprendiz" o de quien recibe el consejo. 
También puede darse una situación en la que alguien siempre se “adapte” a las decisiones o preferencias de la otra, pero sin confrontarlo para no “romper la armonía.”

Lo más reseñable es que en grupos de amigas, las dinámicas de poder se enfocan en la conexión emocional y en cómo se cuidan unas a otras y el poder puede estar en manos de quien sea la más empática o la que se considera "la protectora." En algunos casos, hay una persona que asume el rol de líder emocional: aquella a la que todas van cuando necesitan consejo o apoyo.

Pero también pueden aparecer otros roles, como la “organizadora” (la que siempre propone los planes), la “pacificadora” (quien se encarga de suavizar las tensiones) o incluso la que “mantiene la amistad unida” (la que se asegura de que todas sigan en contacto). A veces, si una persona en el grupo siempre asume el liderazgo, puede empezar a surgir un poco de resentimiento de las demás si sienten que no tienen voz o que siempre se hace lo que esa persona quiere.

Además, en estos grupos puede haber dinámicas de “alianzas” o subgrupos, donde algunas personas se vuelven más cercanas entre ellas. Esto no siempre es negativo, pero en ciertos casos puede hacer que alguien se sienta un poco aislada del grupo o fuera de la conversaciones principales.

En amistad entre hombres

Es común que el poder aparezca en forma de liderazgo o en temas de competencia, por ejemplo, en quién organiza las actividades o en quién sobresale en ciertas habilidades. En lugar de apoyo emocional directo, es más probable que la dinámica de poder se base en estatus o en algún tipo de respeto mutuo por las habilidades o la personalidad. 

Algunos hombres pueden evitar hablar de sus emociones, y entonces el poder puede depender de quien se sienta más “seguro” y mantenga las cosas en términos más superficiales.

Estas dinámicas de poder, también suelen girar más en torno a la "jerarquía" o a quién es más influyente o “respetado” en el grupo. A veces, la persona que destaca en habilidades, como ser gracioso, bueno en deportes o tener cierta "sabiduría," termina ganando un lugar especial en el grupo, y las decisiones giran un poco en torno a él.

En estos grupos, los roles tienden a ser menos emocionales y más basados en la “practicidad.” Uno puede ser el “planificador” (el que organiza salidas o actividades), otro el “experto” (en quien se confía para arreglar problemas o dar consejos prácticos), y también suele estar el “pacificador” (quien mantiene la armonía o reduce tensiones). La dinámica aquí no suele centrarse en hablar de emociones o en buscar apoyo emocional, sino más en actividades o intereses compartidos, en dar soluciones.

Eso sí, cuando hay conflictos, pueden pasar desapercibidos o no ser discutidos abiertamente. Esto hace que algunas tensiones pasen por debajo de la superficie y terminen afectando la amistad sin que el grupo sea consciente de ello.

Grupos de amistad mixtos

En grupos mixtos, se da una mezcla de las dinámicas anteriores descritas. Muchas veces, la comunicación y el tipo de actividades se adaptan para que todas las personas se sientan incluidas. Aquí, las dinámicas de poder pueden variar mucho porque se mezcla el apoyo emocional, típico de los grupos de amigas, con la practicidad y “competencia” que puede aparecer más en los grupos de amigos.

Algunos roles pueden ser más claros: a veces, una mujer puede asumir el rol de apoyo emocional, mientras que un hombre se convierte en el que organiza las actividades. Pero, en estos grupos, también pueden surgir liderazgos rotativos o compartidos, ya que muchas veces el equilibrio depende de que no se le dé más importancia a un género que a otro, o a una persona que a otra.

Sin embargo, también pueden surgir algunas complicaciones si una persona acapara el liderazgo o si se forman alianzas entre personas del mismo género o no, creando subgrupos. Estos subgrupos pueden llevar a que algunas/os se sientan excluidas/os o menos escuchadas/os, especialmente cuando se juntan en grupos más pequeños dentro del grupo general.

Dinámicas de poder que producen situaciones de conflicto en grupos de amistad

Las dinámicas de poder desequilibradas surgen casi sin que nos demos cuenta y, cuando no se manejan bien, puede terminar afectando a la amistad y generando tensiones, malestar e incluso la ruptura o disgregación del grupo. 

Algunas de las causas por las que puede haber tensiones dentro de los grupos debido a las dinámicas de poder:

Liderazgo “invisible” 

A menudo hay alguien que parece tener la última palabra sobre qué se hace, qué se decide, o incluso qué temas se tocan. Esto no siempre es algo malo, especialmente si el grupo prefiere tener a alguien que organice o tome decisiones. Pero, si siempre se impone la preferencia de una sola persona, otras pueden empezar a sentir que no tienen voz ni voto, que su opinión no cuenta o, peor aún, que sus intereses no son bienvenidos en el grupo.

El liderazgo invisible es un fenómeno donde una persona acaba teniendo una influencia significativa sobre las decisiones o el ambiente general, pero de una manera no declarada ni necesariamente buscada. Este tipo de liderazgo no es oficial, ni formal, y muchas veces se da de forma involuntaria, pero su impacto es real.

La causas del liderazgo invisible pueden ser muchas y variadas, pero si que hay unas cuantas que son habituales, como por ejemplo:

La `personalidad y el carisma de algunas personas extrovertidas o con facilidad para comunicarse suelen asumir, sin proponérselo, un rol de liderazgo en el grupo. A menudo, su capacidad para expresar opiniones con seguridad hace que otras personas las sigan o adopten sus ideas.

La experiencia o conocimiento de una persona sobre ciertos temas, lo que hace que el grupo le consulte o confíe en su opinión. Esta confianza crea una dependencia sutil, y esa persona se convierte en una referencia de consulta que, sin proponérselo, toma cierto liderazgo.

La historia del grupo también influye, ya que si alguien lleva más tiempo en el grupo o fue una de las personas que lo formó, suele tener más influencia debido a la conexión emocional e historia compartida. Otras personas del grupo que se han ido uniendo, pueden sentir que deben seguir sus ideas para “respetar” ese vínculo más antiguo.

Puede existir la necesidad de guía, alguien que “organice” o decida, especialmente cuando hay inseguridad o falta de confianza en las decisiones propias. Esto puede ocurrir más en grupos donde no todas las personas se sienten cómodas proponiendo ideas, y entonces siguen a quien parece tener un plan.

Igual que sucede en otros campos, las personas cuando estamos en grupo adquirimos roles diferentes; la organizadora, la sabia, la mediadora, la sumisa, la dependiente, la emocional, la graciosa, …Cuando alguien del grupo decide dejar de hacer su papel habitual y la líder o el líder no está de acuerdo, suelen aparecer tensiones porque ella o él sienten que el equilibrio se rompe o que pierde el control. 
Esto pasa porque el grupo ya tiene una dinámica establecida propia y cualquier cambio o alteración que no sea bien vista por la persona líder, no es bien recibida, ocasionando muchas veces el aislamiento de la persona que ha decidido cambiar su rol en el grupo e incluso la expulsión o la provocación (manifiesta o sutil) para que se aparte del grupo.

Es muy curioso que entre personas adultas con una amistad de muchos años, estas dinámicas de poder y estos roles grupales tengan tanto peso y sean tan poco reconocidas e incluso negadas, hasta el punto de dejar perder una amistad de muchos años con una de las personas integrantes del grupo, dejando al margen las aportaciones grupales que haya hecho.

Estas situaciones se pueden entender mejor si analizamos que son una consecuencia de este liderazgo invisible que ha provocado en el grupo una falta de autonomía en las personas que lo integran, además de una dependencia emocional o grupal que hace menos tolerante y flexible al grupo. También provoca tensiones que no se hablan o que se manifiestan de forma jocosa para no alterar a la persona líder si es que no le parece bien lo que se dice.

Grupos dentro del grupo

Es común que algunas personas se sientan más cercanas entre sí y generen “mini-grupos” o alianzas. Puede ser que las chicas se unan más en ciertos temas o que los chicos lo hagan en otros. 
Esto no tiene nada de malo mientras no sea excluyente, pero si esas alianzas se convierten en el foco de las conversaciones y de los planes del grupo, las personas que no forman parte de ellos pueden sentirse fuera de lugar o, en el peor de los casos, ignoradas.

Roles de género tradicionales 

En algunos grupos mixtos, sin que la gente se dé cuenta, se pueden asumir roles de género tradicionales. Por ejemplo, las chicas asumen más la escucha y el apoyo emocional, mientras los chicos lideran los planes o deciden las actividades. Estos roles se pueden dar de forma natural, pero cuando una persona no se siente cómoda con su rol o se espera que siempre haga algo determinado por razón de género, se convierte en una dinámica desequilibrada. Esto puede hacer que alguien sienta que su participación no es auténtica o que no puede ser totalmente libre dentro del grupo.

Se puede dar el caso de que un hombre del grupo adquiera la posición del líder proveedor, del cual se espera que haga generosamente para el grupo, pero que ha su vez le otorga el papel de líder que en ocasiones puede resultar un peso y motivo de conflicto tanto para el grupo como para dicho líder que tiene que mantener su papel.

El rol de "el proveedor" en un grupo es la figura que se responsabiliza de solucionar problemas, dar ayuda y cubrir necesidades prácticas o emocionales (es un rol común en muchos círculos de amigos o familiares). 
A veces esta persona es la que organiza, aporta recursos o actúa como el "soporte" al que el resto recurre, y aunque este rol se ha asociado históricamente con el estereotipo masculino de “hombre proveedor,” hoy en día puede recaer en cualquier persona del grupo. 
Pero, ¿por qué se da este rol? hoy en día, principalmente porque quien adquiere el rol lo necesita y quienes permiten este rol, lo necesitan también. Si todas las personas integrantes del grupo están de acuerdo, todo va bien, pero en el momento en que alguien discrepe, puede haber conflicto, y si la persona o personas que discrepan son mujeres, el líder proveedor se siente más no entendido u ofendido o atacado.

Vamos a ver por qué existe este rol en concreto porque tiene mucha miga:

Expectativas sociales y culturales- En muchas sociedades, especialmente en generaciones pasadas, el rol de proveedor recaía sobre los hombres, quienes eran vistos como responsables del bienestar material y emocional de los demás. Estas expectativas culturales pueden influir en cómo se estructura un grupo, haciendo que ciertas personas (a veces, sin ser hombres) asuman ese rol.

Características personales- La persona en este rol suele ser alguien que se siente cómodo tomando el control y se preocupa genuinamente por los demás, porque es su forma de sentir que es visible y que importa a través de lo que aporta al grupo. Puede tratarse de alguien que busca ser valorado y reconocido a través de su ayuda, lo que lo lleva a asumir este papel de forma natural.

Necesidad del grupo- En un grupo, siempre es útil tener a alguien que ayude a resolver conflictos o cubra ciertas necesidades, como es la de entretener al grupo con sus ocurrencias, ser la persona chistosa, la confiable, la emocional, la detallista, la proveedora, la trabajadora,... Si hay esta figura que siempre se encarga de ciertos aspectos, las demás personas no sienten la necesidad de asumir esos roles, … o sí.

Normalmente se crea una especie de “equilibrio” donde cada persona asume lo que se le da mejor y lo hace, algo que en sí mismo enriquece al grupo y lo dota de recursos. Pero también se corren riesgo al no rotar o compartir los papeles, dando lugar a estancamientos, algo que si todas las personas están de acuerdo no genera conflictos, pero que sí puede haber lugar a ellos si hay discrepancias.

Dentro de estos roles necesarios en un grupo, la figura del proveedor es muy curiosa por favorable y por castrante en su versión menos favorable. La persona proveedora ofrece seguridad y estabilidad, y las otras personas del grupo pueden comenzar a confiar o incluso depender de esa persona para solucionar problemas, mantener la unión, asumir responsabilidades o por ser el proveedor altruista del grupo, y a su vez, el proveedor acaba absorbiendo más responsabilidades que otras, lo que puede dar lugar a ciertas incomodidades para ambas partes. 
Estas van desde el cansancio de la persona proveedora por no permitirse descansar o fallar, la falta de reciprocidad entre adultos que puede provocar frustración en alguna de las personas que integran el grupo (incluido el líder que puede pensar que no es correspondido por igual), la dependencia hacia el líder proveedor, la competencia o rivalidad por el excesivo protagonismo del proveedor, o el malestar en el propio líder si se le cuestiona que no comparte las responsabilidades de proveer al grupo. 

Aceptar la existencia del rol de proveedor puede ser cómodo, pero también se puede llegar a ser una aceptación de sumisión con el desequilibrio relacional que conlleva. 
Esto es muy habitual si se trata de mentalidades arraigadas en los roles del patriarcado que marcaban una masculinidad determinada y la posibilidad de vivir en otro tipo de masculinidades no se contempla porque, en su foro interno, se siente menos hombre y menos persona, aunque exteriormente y de pensamiento, se sienta liberada, no machista e incluso feminista. No nos olvidemos que este rol de "hombre proveedor" es muy del patriarcado, con un arraigo tan profundo en la sociedad, que aún marca y delimita a muchos hombres y a muchas mujeres, por lo tanto a todas las relaciones sociales incluyendo los vínculos de amistad en grupo.

Competencia o comparación

Hay veces surge una competencia sutil que no siempre se habla, especialmente si alguien percibe que otra persona tiene más poder en el grupo o recibe más atención. Esto puede llevar a que alguien sienta que tiene que “probar” su valía o “ganarse” su lugar, generando tensiones no solo con la persona en cuestión, sino con el resto del grupo. 
Esto es más común cuando entre las amistades se admite un poco de rivalidad o cuando hay algún tipo de favoritismo en el grupo que ensalce a alguna persona o que menosprecie a otra. 

Como pasa en otros campos vitales, las comparativas y las competencias insanas no favorecen para nada las buenas relaciones, y en la amistad no está la excepción.

La validación y aprobación grupal 

Este desequilibrio surge cuando, dentro del grupo, ciertas personas parecen tener una especie de “autoridad” en temas de opinión o de aprobación sobre decisiones de otras. Puede que un amigo o amiga en particular sea visto como el “modelo a seguir” o que su opinión parezca más válida o influyente. Entonces, el resto de personas que integran el grupo empiezan a buscar su aprobación (sumisión al criterio del líder), a veces de forma inconsciente, antes de tomar decisiones personales o de grupo.

Conflictos no resueltos 

En los grupos, algunas veces los conflictos no se tratan abiertamente por temor a incomodar a otras personas o a romper la armonía del grupo. Esto puede crear una especie de “tensión invisible,” donde se evita abordar ciertos temas o donde, aunque alguien esté molesto, no lo expresa. Con el tiempo, esto crea una dinámica de poder donde algunas personas pueden tener control indirecto sobre cómo se comportan los demás (algo en ocasiones tan sutil que es difícil de ver).

¿Qué se puede hacer para equilibrar estas dinámicas?

Lo más importante es la comunicación. Hablar sobre cómo se sienten y ser sinceras/os cuando algo no parece justo, es clave para mantener una amistad saludable. 
Otra clave es que haya reciprocidad; si una persona siempre está dando apoyo, también debe recibirlo, si alguien siempre organiza los planes, es positivo que otras personas también participen.
Al igual que ocurre en grupos sociales, contribuir de forma equitativa dentro del grupo es prioritario.
Para ello es necesario:

Escuchar a todos

Asegurarse de que todas las personas en el grupo sientan que su voz cuenta, que pueden proponer planes, expresar sus opiniones y que no serán juzgadas. Una escucha activa y empática en la que todas las voces cuenten es la base primordial de unas buenas relaciones dentro del grupo.

La inteligencia interpersonal es de suma importancia para que la comunicación sea de calidad y por lo tanto las dinámicas de poder en la amistad del grupo también.

Cambiar de roles

Si alguien siempre organiza, propone o lidera, es útil que otras personas del grupo tomen el relevo de vez en cuando. Cambiar de roles ayuda a que todas las personas que integran el grupo se sientan involucradas y reduce la presión sobre una sola persona.

Hablar de los conflictos

Abordar los temas incómodos de manera directa y respetuosa ayuda a que las tensiones no se acumulen y sentir que el grupo es un espacio seguro existe la posibilidad de hablar sin ser juzgado y la posibilidad de ser escuchado sin ser menospreciado.

Celebrar la diversidad

Valorar las diferencias de opinión y fomentar un ambiente donde todas las personas puedan ser auténticas y únicas, permite que el grupo esté más unido y en igualdad. 
Esto ayuda a que el grupo vea la amistad como un espacio de apoyo mutuo y no como un lugar donde una persona tiene más poder sobre otra o hay rivalidades, sumisiones, etc.

Los grupos de amistad son muy enriquecedores, pero para evitar los desequilibrios de poder es importante que todas las personas integrantes del mismo, sientan que pueden ser ellas mismas y que sus opiniones y necesidades cuentan. Una amistad en grupo sana se construye con respeto, comunicación abierta y el compromiso de mantener el equilibrio y la inclusión.

DINAMICAS DE PODER

DINAMICAS DE PODER EN LA FAMILIA

DINAMICAS DE PODER EN EL TRABAJO

DINAMICAS DE PODER EN LA PAREJA

En resumen, las dinámicas de poder en la amistad existen, pero lo importante es que las personas se sientan valoradas, escuchadas y cómodas para que no haya desequilibrios que causen resentimientos o malestar.