Vamos a ver que podemos la ira, tan repudiada porque la asociamos con alguien desagradable, quizás impulsivo e incontrolado, injusto y que puede dar hasta miedo en sus "ataques de ira" (se exterioriza de forma incontrolada, intensa, explosiva y puede incluir gritos, insultos, agresiones físicas o verbales).
La palabra ira proviene del latín "ira", que significa cólera, enojo. A su vez, el latín "ira" proviene de la raíz indoeuropea "eis-", que significa "mover rápidamente, pasión", que a su vez está relacionada con otras palabras en diferentes idiomas, como el griego "hieros" (sagrado) y el avéstico "aēšma" (rabia). Estas conexiones lingüísticas sugieren que la ira, en su origen, estaba asociada tanto a una fuerza poderosa y sagrada como a una emoción destructiva y violenta.
nota* La familia lingüística indoeuropea es una de las más extensas y estudiadas del mundo porque incluye a la mayoría de las lenguas habladas en Europa, así como a algunas lenguas de Asia.
La ira es una emoción primaria (carácter universal y de importancia para la supervivencia), que ha servido y sirve para cubrir la necesidad sobrevivir, defendernos de otros depredadores, protegernos, limitar … , pero cuando la expresión de la ira es excesiva, frecuente o mal gestionada, puede convertirse en una emoción disfuncional que nos causa problemas a nosotras mismas y a las demás personas.
De niños, de adolescentes o de adultos es una emoción que nos invade en más de alguna ocasión y seguramente, más de las necesarias por no saber gestionarla, dejándola que mande y controle lo que decimos y lo que hacemos. Más de una pensará que ella no tiene ira, que alguna vez se enfada algo, pero que no se puede considerar que tenga ira, que eso es de otro tipo de personas porque ella es muy tranquila normalmente, … Creo que para afirmar eso, primero habrá que definir qué es para cada persona la ira.
Lo siguiente que vais a leer es para que penséis qué significa para vosotros la emoción primaria de la ira, y para ello miraremos lo que nos dice el diccionario sobre los sinónimos de la palabra ira y así entenderemos mejor la carga conceptual que para cada una de nosotras conlleva (quedaros también con los antónimos) :
- rabia, enojo, cólera, furor, furia, indignación, irritación, vesania, cabreo
- Antónimos: paciencia, serenidad
Voy a ver qué sinónimos tiene cada uno y empiezo con rabia :
- coraje, cólera, enojo, ira, furia, furor, exasperación, irritación
- Antónimos: tranquilidad, serenidad
- odio, resentimiento, rencor, inquina
- hidrofobia
Seguimos con el enojo :
- enfado, enfurecimiento, irritación, cabreo, disgusto, exasperación, ira, rabia, furia, cólera
- Antónimos: agrado, complacencia, satisfacción
A ver cólera :
- irritación, exasperación, furia, rabia, enojo, ira, arrebato, bilis, coraje
- Antónimos: paciencia, tranquilidad, calma
El sinónimo furor me remite a furia y tenemos :
- cólera, ira, furor, coraje, rabia, violencia, impetuosidad, vehemencia, denuedo, pasión, fiereza, irritación, saña
- Antónimos: serenidad, mansedumbre, calma
Le toca a la indignación :
- ira, enfado, irritación, cabreo, enojo
Seguimos con irritación :
- ira, enojo, cabreo, enfado, rabia, cólera, arrebato, berrinche
- Antónimos: tranquilidad, serenidad
- picor, picazón, escozor, prurito, sarpullido, escocedura, inflamación, excoriación
Nota- ¿Habéis oído alguna vez la frase "¡Es que solo de verlo, me entra un sarpullido!", cuando alguna situación no gusta o no se puede con ella?
Ahora busco vesania :
- locura, demencia, enajenamiento, chaladura, delirio, violencia, excitación, enajenación, insania
Por último el cabreo:
- malhumor, irritación, enfado, enojo, mosqueo, rebote, disgusto
Se podría seguir con los sinónimos de los sinónimos de la ira, pero creo que es suficiente para ver lo que conlleva la emoción y lo que sus antónimos nos dicen, porque a través de ellos, puede ser la manera de controlar la manifestación intensa de esta emoción primaria que es la ira, y que nos hace hacer y decir lo que no quisiéramos. Puntualizo los antónimos: paciencia, serenidad, tranquilidad y calma, y si le sumamos la cordura, nos vamos a encontrar con agrado, complacencia, satisfacción, contento y alegría.
Esta reflexión sobre sinónimos y antónimos de la palabra ira, viene a cuento de que para una convivencia sana con el entorno, es fundamental aprender a reconocer qué es la ira y sus señales en una misma y en las demás personas, para poder gestionarla de forma adecuada y evitar que escale hasta niveles peligrosos.
"La escalada de la ira" existe, y es un concepto reconocido y estudiado en psicología; así como la violencia puede intensificarse gradualmente, la ira también puede aumentar en intensidad. Comienza con sentimientos leves de irritación o molestia y puede llegar hasta la furia o la rabia incontrolable.
Aunque no hay una regla matemática en esto y cada persona puede manifestar esta escala de maneras distintas, lo cierto es que podemos decir que la escala sería :
Irritación- Sentimientos leves de molestia o fastidio.
Molestia- Mayor intensidad de irritación, acompañada de tensión y frustración.
Enojo- Sentimiento de aversión y hostilidad hacia alguien o algo.
Furia- Pérdida de control, impulsividad y agresividad.
Rabia- Odio intenso y deseo de venganza.
Violencia- Agresiones verbales o/y físicas.
Si piensas que no es tu caso, sopesa si te enmascaras la ira o sus variantes a través racionalizar la situación para no conectar con la emoción o a través de otras formas como: el sarcasmo, las críticas hirientes, los rechazos o el ignorar o la indiferencia, la resistencia pasiva-agresiva, somatización, proyección de tu ira en otras personas, etc. La ira no sólo se manifiesta en forma de gritos o golpes.
Pero ¿Por qué nos pasa? ¿Por qué hay situaciones que nos hacen sentir ira? Hay estudios que apuntan a que influyen factores genéticos y ambientales. Algunas investigaciones sugieren que el temperamento, que incluye la reactividad emocional y la capacidad de autorregulación, puede tener una base genética, lo que significa que algunas personas pueden ser más propensas a experimentar emociones intensas, como la ira, debido a su herencia genética.
Por otro lado, algunas variaciones genéticas pueden influir en los niveles de los neurotransmisores, sustancias químicas en el cerebro que juegan un papel importante en la regulación del estado de ánimo y las emociones, lo que puede afectar la forma en que una persona experimenta y maneja la ira.
La predisposición genética puede influir en la forma en que una persona reacciona ante ciertas situaciones, pero el entorno y las experiencias de vida juegan un papel importantísimo en la expresión de la ira. La expresión de las emociones se aprende a través de la familia y el entorno social, por lo que, aparte de si existe una predisposición genética, lo mismo que hemos aprendido una forma de expresión de la ira, podemos aprender otra.
De pequeños carecemos de la capacidad cognitiva para comprender y regular las emociones de manera apropiada, y la ira la expresamos en forma de rabietas, llorar, patadas o golpes, algo que puede estar provocado por hambre, sueño, incomodidad, … es la manera que tenemos de que atiendan nuestras necesidades. A medida que crecemos los cambios hormonales y las expectativas sociales pueden generar la emoción de la ira y ser expresada de otras maneras como son los insultos, el sarcasmo, queja, críticas,... Ya de adultos, se supone que tenemos un mayor control de nuestras emociones y podemos canalizarlas a través de recursos como por ejemplo la asertividad, pero en muchas ocasiones y en algunas personas no es así al ser la ira una emoción completamente subjetiva. Hay muchos factores o situaciones que la desencadenan, como la percepción de injusticia, la frustración, sentir una amenaza, el dolor emocional, estrés, cansancio, hambre, consumo de sustancias, enfermedades mentales, …
Si se va acumulando, lo más probable es que la ira se exprese de una manera totalmente descontrolada, inadecuada al momento y totalmente desproporcionada. Puede iniciarse con pequeños enfados a los que no hacemos caso, pero si pasan a ser frecuentes, estamos creando el caldo de cultivo para un gran problema ocasionado por la falta de control de los impulsos (la ludopatía o cualquier tipo de adicción, entre otras, tampoco controlan los impulsos; control mental y control emocional).
Los expertos dicen que la ira es una mezcla de lo que piensas, sientes y haces (respuesta emocional cognitiva, fisiológica y conductual), con posibilidad de poder ser controlada porque se ha estudiado, comprobando que hay una serie de indicios que anuncian los ataques de ira.
Físicamente se detecta porque se aprieta la mandíbula, tensamos músculos, sube la temperatura corporal, sudoración, enrojecimiento facial, aceleramos la respiración y el corazón bombea sangre más rápido. ¡Todo acción! subidón de energía que hay que canalizar y no suprimir, porque si se reprime,... acaba saliendo de alguna manera.
Emocionalmente se siente frustración, nerviosismo, ansiedad, impaciencia, hostilidad, …, y en cuanto a las señales cognitivas, nos vienen pensamientos negativos e incluso catastrofistas, que no pueden llevar a otros de venganza y de forma rumiante (dale que te pego sin salir de esos pensamientos).
Si solo es enfadarse, ni tan mal, porque ya sabemos que como emoción primaria, es una conducta de defensa o de ataque ante una situación que a nosotras nos provoca sentir miedo, indefensión, injusticia, frustración (porque algo no sale como queremos o alguien no se porta como pensamos) o simplemente nos resulta poco agradable. Ante ello, sentir ira es lo natural, el grado de ella y cómo la expresamos es lo que marca la diferencia.
Dependiendo de cómo sea la manifestación, la ira es considerada por algunas personas como "tener carácter". Ser iracundo no es lo mismo que tener carácter, la diferencia radica en el control. Una persona con carácter puede sentir ira, pero la gestiona de forma constructiva, sin perder el respeto hacia los demás ni hacia sí misma. Una persona iracunda, en cambio, se deja llevar por la ira, perdiendo el control y pudiendo llegar a dañar a otros o a sí misma.
Lo mismo que tener unas circunstancias concretas en las que estás iracundo, no significa que lo seas; en castellano tenemos dos verbos que se diferencian muy bien, como son el de ser (característica permanente) o el de estar (estado transitorio).
No nos podemos olvidar que las maneras coléricas provocan temor y hay que desmitificar que son un signo de autoridad o de carácter fuerte. El tan manido recurso de "yo soy así" no es válido ; la ira en ningún caso es un atributo de la personalidad, es un estado emocional que puede controlarnos por ser subjetiva y por lo tanto, se puede aprender a manejar, es decir, dependiendo de cómo pensemos o queramos pensar, reaccionaremos diferente a una misma situación.
Epicteto, entre otras personas, ya sabía que esto era así en sus años (55-135 dc) y actualmente seguimos igual "Lo que importa no es lo que te sucede, sino cómo reaccionas a lo que te sucede" (la filosofía del estoicismo se basa en este concepto).
¿Cómo reaccionas? Saber qué nos altera y una vez de identificado, cambiar la respuesta, es la primera clave para el control de la ira.
Aún siendo tan subjetivo esto de sentir ira, se pueden clasificar en dos tipos las situaciones desencadenantes : situaciones frustrantes y situaciones aversivas (las que nos producen miedo o repulsa). Osea una respuesta ante el miedo o la frustración, en todas las variantes de cualquiera de las dos:
La emoción primaria de la ira es totalmente necesaria y por lo tanto no es cuestión de anularla, es cuestión de reconocerla y reconducirla para que los efectos secundarios no sean demoledores, ya que nada tiene que ver estar algo irritado y enfadarse, con estar agresivo y violento o autodestructivo.
Como ya hemos leído, la ira sale ante momentos de frustración y estrés intenso, pero si sabemos qué nos está pasando, podremos controlar el cómo expresarla.
Además debemos ser conscientes que la ira siempre está en situaciones conflictivas ; da lo mismo que seas un conflicto interno contigo misma o con las demás personas ( "perseguidor" del triángulo dramático de Karpman ,interesante teoría en la que podéis descubrir dónde os colocáis y dónde se colocan las demás personas de tu entorno en las situaciones de conflicto).
Seguramente por educación social y religiosa con un concepto negativo de la ira o por impresión significante (el recuerdo que deja en ti un significado especial) de haber visto situaciones de rabia descontrolada que nos han impresionado, tenemos la ira como una emoción devastadora, nociva y en definitiva negativa, pero su buen uso puede ayudarte a sanar injusticias, frustraciones, a ser asertivo, defender territorio, … La emoción de la ira tiene una parte positiva y es que aporta una energía que nos predispone a actuar ante lo que nos provoca daño, ya sea físico o mental. Seguramente esta emoción ha salvado vidas en casos extremos; no será la primera vez que, ante una situación de vida o muerte, la ira ha sido la impulsora de actuar por el afán de sobrevivir.
El problema no es esta emoción por sí sola, el problema viene cuando la dejamos expresarse de modo exacerbado o por contra, no la expresamos porque no queremos que nos vean (o vernos) con esta "emoción negativa", por miedo o porque no somos ni conscientes de que sentimos ira. He leído que si no expresas la ira porque te han enseñado a contenerla, la sustituyes por otra emoción, muchas veces por la tristeza. En vez de ser asertiva y decir lo que sientes y expresar tu desacuerdo y tu rabia, liberas esa tensión (subidón de energía) con lágrimas y tristeza.
La ira tiene su lado saludable y te dota de la capacidad de adoptar una postura firme, de fijar límites y de defenderte, así que sentirla no es negativo, el problema está en cómo expresamos lo que sentimos.
¿Qué consecuencias puede llegar a tener una mala gestión de la ira? De entrada no está demás decir que el abuso de la ira es el recurso de debilidad en el control personal, ya que es mucho más fácil dejarse llevar por ella que hacerse cargo.
Por otro lado, duele sentirse herida y aceptar que somos vulnerables ; utilizar la ira, rabia, enfado, agresividad o violencia es un recurso para tapar la más mínima posibilidad de reconocernos las debilidades (esta cultura de que todas somos estupendas, fuertes y brillantes, ha hecho mucho daño en este sentido).
A su vez, el recurso de sobre utilizar la ira, ejerce un efecto de alejamiento de las personas receptoras de ella, de tal manera que, por ejemplo, si para retener a alguien desatamos nuestra ira o las emociones secundarias que conlleva (cólera, rencor, odio, irritabilidad, enfado e impotencia +acritud, aflicción, animosidad, exasperación, fastidio, furia, hostilidad, indignación, resentimiento, ultraje, agresividad y violencia) porque nos sentimos menos y no merecedoras de que estén con nosotras pero a la vez queriendo que se queden, lo único que conseguiremos será que se acaben marchado porque no hay hijo de vecino que lo aguante por mucho que nos quieran. 
Relajemos la impotencia y el resentimiento, porque de lo contrario estaremos potenciando nuestro aislamiento social y aunque de entrada la emoción primaria de la ira nos lleve a decir "que les den a todos", sabemos que no es cierto.
Por otro lado a nivel de salud, tendremos muchos boletos para tener alguna enfermedad cardiovascular (se produce cortisol que se vierte a la sangre; literalmente nos autoenvenenamos).
En este sentido, si os sirve de referente, Jacques Martel añade en su "Gran diccionario de las dolencias y enfermedades" , que todas las enfermedades terminadas en -itis están referenciadas por la ira (¡y no son pocas!). Sea cierta o no esta afirmación, lo que sí es cierto es el sistema inmunológico se debilita con el estrés de las luchas, malos momentos, desencuentros con las personas, conflictos, luchas de poder, etc., decir que tener las defensas bajas nos predispone a cantidad de enfermedades es algo que sí está demostrado medicamente.
Es un error enorme pensar que estallar en un momento puntual da tranquilidad ; más de una vez habremos oído eso de "¡le he metido un bufido y me he quedado a gusto!", pero ese bienestar que parece que nos alivia, rápidamente se suele convertir en culpa, tristeza o vergüenza.
La ira no tranquiliza, todo lo contrario, altera y acelera el organismo porque es una respuesta para sobrevivir; nos dispone para la defensa o ataque, … todo acción, y entonces, ¿Qué podemos hacer con la ira? ¿Qué podemos hacer para controlarla y que no nos controle?
Es evidente que lo primero es conocerla y reconocerla, aunque de saber a hacer hay un gran paso, para darlo disponemos de alguna estrategia que nos puede ayudar:
- Investiga en tu reacciones, ¿Qué es lo que te provoca la ira? Frustración, miedo, indefensión, falta de autoestima, no se hace lo que tú quieres, opresión, injusticia, la pérdida de algo (trabajo, casa, amistad, pareja, estatus, ...), sentir que te quitan algo, … Detectar dónde está tu interruptor de la ira o rabia es un primer gran paso.
- Relájate y piensa que no todo lo que ocurre es en tu contra ; no te tomes nada de forma personal (el libro "Los cuatro acuerdos" te lo explica bien ). Recuerda; el por qué sentimos ira o rabia es totalmente subjetivo, así que, modifica tu forma de pensar y tu cerebro tendrá menos motivos para sentir que tiene que atacar o usar la agresividad para defenderse.
- Potencia la emoción de la alegría, te ayudará a ver las situaciones de otra manera y con ello poco a poco la ira no será tu "zona de confort" como respuesta . Muchas veces damos respuestas iguales antes situaciones diferentes por hábito, incluso buscamos y encontramos excusas para seguir con ese hábito aprendido ¿y si haces algo diferente?
- Muchas personas nos bombardean con sus frustraciones y las hacemos nuestras, no entres en ese juego de hacerlas tuyas, porque saldrás perdiendo. No dudes en alejarte de esas personas que son el detonante de tu ira mientras no tengas la capacidad de canalizarla de otra forma. Graba a fuego en el cerebro "no entres en el juego"; evítalo reconociéndolo y alejándote (tengo que ir al baño, perdona me llaman, espera un momento ahora vuelvo, luego lo hablamos,...).
- Si notas que te vas a "encender", marcha de donde estás y del pensamiento en el que estás, porque la ira es poderosa y llegada a un punto, difícilmente controlable. Ponte a cantar, a saltar, lee algo, enciende el móvil, pellízcate el brazo, … no sé, algo que te distraiga de la situación y del pensamiento de "me tengo que defender" o "tengo que atacar".
- Toma conciencia del daño que tu incontrolada ira causa a otras personas, de esta manera podrás enfrentarte a ella y buscar el justo equilibrio. Causar miedo o temor con ella no es la solución a tus problemas, romper tu entorno no soluciona tu problema, agredir no soluciona tus problemas, defender cuando no te atacan no soluciona ningún problema, …
- Practica la asertividad, es una manera de solucionar problemas mucho mejor que la ira. Las relaciones basadas en la honestidad, sinceridad y asertividad, tienen un más grato e incluso largo recorrido.
- Si por tus propios medios no eres capaz de salir del secuestro emocional (reacción emocional intensa e impulsiva que anula la capacidad de razonar lógicamente) al que te tiene sometido la ira, no dudes en acudir a un especialista para que te ayude.
Espero que con todo lo que hemos visto de la ira, podamos identificarla y ser capaces de potenciar sus cualidades y controlar su fuerza, gestionarla en nosotras misma y entenderla (que no aceptarla) en otras personas; no olvidemos que la ira se va a manifestar en todas las personas de una manera u otra al ser de carácter universal, por lo tanto esconderse de ella no es una opción, porque en algún momento nos va a pillar.