
A ver qué saco de ella y a ver si realmente es tan mala como me parece, porque yo la asocio a alguien malo o a una situación con maldad, pero quien sabe si hay algo más que eso. Voy con la investigación, aunque decir que omitiré lo de si sale invertida o no y le daré mi entendimiento sobre ella cuando hay leído varios artículos sobre esta carta tan particular que es El Diablo.
Después de leer su significado, he de reconocer que hay de todo un poco, es decir, para "bien" o para "mal" (polivalente que es ella), vamos que no es lo catastrófica que en un principio pueda parecer, es más, puede dar origen a pensar cómo estamos haciendo las cosas y sobre todo destacar de El Diablo que tiene el honor de identificarse con la energía creativa, las pasiones, los instintos (entre ellos el sexual) el deseo profundo, la parte de nuestras sombras y nuestra oscuridad inconsciente.
Si dejo a un lado mi concepto tradicional de lo que significa el diablo (proveniente de mi educación católica), puedo darme cuenta que es un personaje que domina lo superficial, lo mundano y los deseos incontrolados de tal manera que se puede permitir profundizar en el interior de las situaciones o personas sin miedo a lo "malo" desconocido, precisamente porque ya tiene reconocida su parte instintiva y oscura, llena de excesos y sus consecuencias.

Esta carta del Tarot nos insta a aceptar el instinto como esa parte necesaria para adentrarnos a nuevas situaciones con inspiración y creatividad, pasión, energía y acción. Cuando tenemos aprendido a donde nos ha llevado ese exceso de fuerza incontrolada, instintiva y salvaje y somos capaces de dominarla, es cuando empezaremos a disfrutar de los placeres profundos y mundanos sin castigarnos por ellos (con enfermedades) o por lo que en el pasado hayamos hecho por la falta de control de esos instintos.
A mí me sale entenderlo o compararlo con la adolescencia, etapa en la que empiezan a aflorar las pasiones, los instintos, la necesidad de romper normas y de tapar, engañar e incluso mentir para poder salirse con lo que uno quiere en ese momento (que no es otra cosa que dedicarse al placer mundano recién descubierto).

Se está encadenado a los excesos y la influencia de quienes les rodean, haciendo caso en muchas ocasiones a los líderes oscuros del grupo que les llevan a utilizar esta parte oscura que todos llevamos dentro.
No hay nada de malo tocar con nuestras sombras e incluso ser conscientes de cuando las hemos utilizado y que resultado hemos obtenido a cambio. Esto nos ayuda a asumirlas, a detectarlas y a controlarlas. No sirve de nada culpabilizarse por los excesos, lo que sirve es aprender de ellos y controlarse en los impulsos, algo difícil en ocasiones ya que tendemos a restar importancia, a justificar las actuaciones, a tirar balones fuera e incluso a valorar como sin importancia actuaciones que dañan a los demás y a nosotros mismos.
La sexualidad no es nociva, lo nocivo es vivir esclavo de ella, con necesidades que nunca son abastecidas y que llevan incluso a la adicción sin ser consciente de ello. Esto genera una insatisfacción continua de la cual no se sale si no se quiere atribuir la responsabilidad a su origen (energía sexual no canalizada por el exceso de instinto físico en prevalencia al ser que somos).

La riqueza y el dinero no son nocivos, lo nocivo es la avaricia y la esclavitud personal y laboral en la que nos metemos por tener más de lo que realmente nos hace falte para ser felices y vivir bien. Volvemos a tener esa adicción a lo material que nunca llegamos a satisfacer al darla una prioridad mayor que ha saber quiénes somos y cómo podemos complacernos sin necesidad de excesos o dependencias exteriores.
Desear a una persona, situación o cosa no es nocivo, lo nocivo es vivir en una lucha por poseer, por no perder o por conseguir a toda costa ese foco de nuestra necesidad momentánea, que deja de ser necesidad en el momento de ser conseguida pasando de nuevo a otra necesidad diferente (que muchas veces no es ni mejor ni pero, simplemente diferente) por no pararnos a sujetar esa energía instintiva tan beneficiosa si la sabemos sacar partido en vez de dejarnos llevar por ella.
Querer conseguir deseos no es nocivo, lo nocivo puede ser como queremos conseguirlos y a costa de qué o quiénes y cómo queremos conseguirlo. Aunque estemos en la cultura del todo vale, no es verdad que todo valga con tal de satisfacernos los instintos.
Que no se nos olvida que El Diablo representa a la energía creativa, la acción, la pasión, el deseo, los instintos, el dinero, la riqueza, la sexualidad, las tentaciones, la esclavitud, la dependencia (emocional o física), la parte oscura que todos tenemos y los excesos que pueden llevarnos a situaciones comprometidas.

Si no andamos atentos toda esta fuerza personal se puede convertir en todo lo contrario; alguien ambicioso, sin escrúpulos para imponer su voluntad y conseguir lo que quiere, apegada a lo económico y a merced de los instintos mediocres, además de ambicioso, manipulador y dominante.
Así mismo podemos convertir nuestras relaciones personales en una experiencia enriquecedora dotada de actividad, energía y felicidad o por el contrario convertirlas en relaciones banales, poco afectivas y en una lucha midiendo el poder para dominar y si ya nos vamos a la relación en pareja tendríamos que añadir que iremos de una relación a otra todas estarán basadas en la inestabilidad y en las continuas peleas.
Todos arrastramos miedos, bajezas, materialismo, desdichas, pasiones e instintos incontrolados, conflictos y enfrentamientos; todo es experiencia de vida que nos sirve para no dejarnos arrastras por los cantos de sirena y poder disfrutar de la vida con toda la pasión, ilusión y energía que conlleva este Arcano Mayor. De sobra es sabido que los excesos no conllevan la felicidad y que saber canalizar la fuerza, energía y la pasión nos permite mayor conciencia de las situaciones y disfrute de las mismas.

Si nos fijamos en la carta, los dos personajes que aparecen encadenados por el cuello, tienen la cadena suelta, de tal manera que con ello nos indica que está en nuestras manos librarnos de ella (no tienen las manos atadas en el dibujo). La figura de El Diablo es también la representación de nuestros miedos, los comportamientos autodestructivos y nuestro lado más oscuro que nos hace enzarzarnos en episodios de vida nocivos y problemáticos.
Todo esto no tiene más poder que el que nosotros le queramos dar y la manera de mantenerlo en su sitio es reconociendo, asumiendo y haciendo una reflexión sincera de en qué áreas de tu vida estás yendo a la deriva o provocando conflictos y problemas (estas situaciones a la larga solo producen desgaste emocional y físico).
Tan solo hay que recordar si por querer vivir tanto todas las pasiones e instintos, nos olvidamos de vivir y caemos en la tristeza existencial y en un inconformismo constante que nos puede llevar incluso a la depresión y las ganas de no existir.

Es importante observar si queremos imponer nuestro criterio incluso anulando a las personas (esto es falta de autoestima), si prevalece la amabilidad con uno mismo y con los otros, si funcionamos a través del amor y dejamos de lado la envidia, la manipulación, poner a prueba a los demás, la falta de respeto, la avaricia, la terquedad, el odio, la miseria emocional, las trampas, el engaño etc.
El Diablo es el Arcano Mayor que nos evidencia lo mejor y lo peor del ser humano; quizás nos alerta de que ya es hora de que veamos la belleza interior que nos hará libres y dejar de lado las cadenas de los autoengaños y de los superficial que no nos aporta bienestar. Nos dice que en nuestra mano está salir de una situación insana, adictiva y nociva.
Resumiendo, El Diablo nos hace consciente de nuestras miserias emocionales, de nuestros instintos insanos y de los recursos personales, los cuales podemos utilizar para hacernos y hacer lo mejor o lo peor en nuestra corta vida.

Nuevamente sorprendida con el aprendizaje que conlleva la reflexión de las enseñanzas de los Arcanos Mayores y en concreto, este El Diablo que tanto rechazo en principio me ha producido.
Poesía dedicada a la figurea de El Diablo- Don Diablo
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